Claudio Tapia
Poeta recién llegado
Anoche soñé con la muerte
con la muerte enternecida
vestida de madre-mujer antigua,
con la sonrisa de una amiga, vista de niño
Sumergiéndose en mi corazón, tomó mis manos
y besó mi rostro perturbado
y con prudencia le dije:
¡Que tiempos aquellos ¡
años que no te veía sonreír contenta
y sabiamente sentada en una silla de colores varios,
abandonaste el luto y las pálidas máscaras de la agonía
Hoy me enseñaste la sonrisa ancestral
que guardaba de tu imagen ya quebrada un día
Además nuevamente emergieron los colores de una primavera enajenada
y en una nube a mis hijos me enseñaste
que apostados en mí,
guardaban ilusiones con besos fervorosos
¡OH hermanos míos !
Si hubiesen pasado de mi mano el sueño
al ver a vuestra santa madre ayer enjuta renacida
vuestro tiempo hoy día no sería solo este día
¡Conmigo entonarían la inmensidad de la gracia no comprendida ¡
y plasmarían sus venas con auras celestes,
vestidas antaño de pálidos brillos.
Corran, salten que la santa muerte está aquí
cada día velando por ti y por mí
cálida, sincera, compasiva y segura
con las puertas siempre abiertas a lechos eternos
Hermanos míos me embriaga el trinar de su mirar,
me seduce la ávida dulzura de su melancolía
y recogiéndose a su olor de madre comprensiva,
me enriquece y me arranca de la vida con pasión,
engendrando entre ella y yo conocimientos sin dolor
del ocaso hereditario que perturba nuestras risas
de esta corta estación
vestida de madre-mujer antigua,
con la sonrisa de una amiga, vista de niño
Sumergiéndose en mi corazón, tomó mis manos
y besó mi rostro perturbado
y con prudencia le dije:
¡Que tiempos aquellos ¡
años que no te veía sonreír contenta
y sabiamente sentada en una silla de colores varios,
abandonaste el luto y las pálidas máscaras de la agonía
Hoy me enseñaste la sonrisa ancestral
que guardaba de tu imagen ya quebrada un día
Además nuevamente emergieron los colores de una primavera enajenada
y en una nube a mis hijos me enseñaste
que apostados en mí,
guardaban ilusiones con besos fervorosos
¡OH hermanos míos !
Si hubiesen pasado de mi mano el sueño
al ver a vuestra santa madre ayer enjuta renacida
vuestro tiempo hoy día no sería solo este día
¡Conmigo entonarían la inmensidad de la gracia no comprendida ¡
y plasmarían sus venas con auras celestes,
vestidas antaño de pálidos brillos.
Corran, salten que la santa muerte está aquí
cada día velando por ti y por mí
cálida, sincera, compasiva y segura
con las puertas siempre abiertas a lechos eternos
Hermanos míos me embriaga el trinar de su mirar,
me seduce la ávida dulzura de su melancolía
y recogiéndose a su olor de madre comprensiva,
me enriquece y me arranca de la vida con pasión,
engendrando entre ella y yo conocimientos sin dolor
del ocaso hereditario que perturba nuestras risas
de esta corta estación