ojosverdes
Poeta asiduo al portal
Un día de trabajo pesado
un director insustancial, fracasado,
responsabilidades, cuentas
obligaciones de la vida,
cadenas que te paralizan
vínculos que no puedes arrancar,
eslabón a eslabón van progresando
sin remedio dilatándose,
y solamente anhelas desaparecer
escabullirte, vaporizarte,
¡que el mundo se pare!¡quiero bajarme!
Una llamada, estás enferma
y te disipas entre las nubes,
tú sabes bien dónde quieres ir.
Te alejas, abandonas,
mente calenturienta y testaruda,
sin otro objetivo que aquello
que te has propuesto buscar.
No sabes lo que es
pero pretendes hallarlo,
tal vez está en tí,
pero si bien no lo sabes,
la búsqueda has emprendido.
Sólo volverás cuando encuentres
lo que crees perdido.
Un pueblo pequeño,
sólo ellos se benefician de la magia,
lugar bien conocido por tus infancias.
Solamente en él se atesoran tradiciones
que tus ancestros te traspasaron
y habías abandonado.
Te has propuesto llegar a ellas,
aún sin saber cómo
el primer paso has dado,
el lugar mágico
el bosque.
No lo has olvidado,
es tu prado
sólo lo habías dejado de lado.
Pero lo que buscas
no es fácil de encontrar, de ver,
para ello hay que creer.
¿Todavía no habéis adivinado
cuál es la búsqueda?
Ferviente soñadora, fantasiosa
e imaginativa fémina, una niña
que cree en duendes.
¡Sorpresa! Todavía en ellos crees,
quizá alguna oportunidad te den.
Son pequeñas criaturas fantásticas,
seres diminutos que viven entre las flores,
en los bosques, con poderes afines a las hadas,
pero no los confundáis con los gnomos.
Pueden ser azules, verdes y rojos
burlándose de nosotros, simples humanos
no somos capaces de verlos.
Pero si resuelven acompañarnos
guardarnos, seguirnos,
todo trastocan, desordenan,
revuelven nuestra vida
con su presencia, aunque
igualmente nos proporcionan alegrías.
Muchas historias se han contado
de su talante travieso o malhumorado.
Detrás de cada árbol, de cada hoja,
esperan la ocasión
de salirnos al encuentro.
Criaturas sorprendentes, personitas
de barba larga y gris,
que se fusionan con la naturaleza.
Pero únicamente aquellos que aún
conserven la chispa en su interior,
la inocencia y la fantasía,
alcanzarán a disfrutar de su
compañía y sabiduría.
La armonía y el trabajo
son su estilo de vida.
¿Dónde viven los duendes?
¿Os habeís preguntado
alguna vez por ventura?
¡Tú has tenido suerte!
Lo has descubierto en ese
claro del bosque entre
los rayos del sol de la alborada.
Entre arboledas has hallado uno,
te ha mirado fijamente a los ojos,
él sabe lo que buscas.
Te guiará, porque todavía crees,
te lleva a un lugar
cuando allí te encuentras
la reconoces, es su casa.
La gran seta con la que
siempre sueñas, ahí está.
Hace mucho tiempo, tanto,
que lo habías olvidado.
Pero una sola no descubriste
de grandes setas
al pequeño poblado regresaste.
Ahora sabes lo que buscabas,
en tu memoria lo guardabas,
sólo tenías que regresar
para hallar la inocencia,
la alegría, la enseñanza,
los sonidos del bosque,
las letrillas que entonabas
y no recordabas quien
te las había enseñado,
la magia, tus travesuras,
tus bromas y el buen humor.
Pequeño duendecillo que te ha devuelto
la memoria de lo aprendido
en el bosque de tus infancias.
Ahora si, estás preparada
para volver al mundo real,
aquél en el que te habían
obligado a olvidar la fantasía,
los sueños y la alegría.
Pero ya no eres la de antes,
ahora vuelves a ser
la niña soñadora, fantasiosa,
que sabrá lidiar con el mundo actual.
Porque si te vuelves a perder
sabrás donde regresar.
un director insustancial, fracasado,
responsabilidades, cuentas
obligaciones de la vida,
cadenas que te paralizan
vínculos que no puedes arrancar,
eslabón a eslabón van progresando
sin remedio dilatándose,
y solamente anhelas desaparecer
escabullirte, vaporizarte,
¡que el mundo se pare!¡quiero bajarme!
Una llamada, estás enferma
y te disipas entre las nubes,
tú sabes bien dónde quieres ir.
Te alejas, abandonas,
mente calenturienta y testaruda,
sin otro objetivo que aquello
que te has propuesto buscar.
No sabes lo que es
pero pretendes hallarlo,
tal vez está en tí,
pero si bien no lo sabes,
la búsqueda has emprendido.
Sólo volverás cuando encuentres
lo que crees perdido.
Un pueblo pequeño,
sólo ellos se benefician de la magia,
lugar bien conocido por tus infancias.
Solamente en él se atesoran tradiciones
que tus ancestros te traspasaron
y habías abandonado.
Te has propuesto llegar a ellas,
aún sin saber cómo
el primer paso has dado,
el lugar mágico
el bosque.
No lo has olvidado,
es tu prado
sólo lo habías dejado de lado.
Pero lo que buscas
no es fácil de encontrar, de ver,
para ello hay que creer.
¿Todavía no habéis adivinado
cuál es la búsqueda?
Ferviente soñadora, fantasiosa
e imaginativa fémina, una niña
que cree en duendes.
¡Sorpresa! Todavía en ellos crees,
quizá alguna oportunidad te den.
Son pequeñas criaturas fantásticas,
seres diminutos que viven entre las flores,
en los bosques, con poderes afines a las hadas,
pero no los confundáis con los gnomos.
Pueden ser azules, verdes y rojos
burlándose de nosotros, simples humanos
no somos capaces de verlos.
Pero si resuelven acompañarnos
guardarnos, seguirnos,
todo trastocan, desordenan,
revuelven nuestra vida
con su presencia, aunque
igualmente nos proporcionan alegrías.
Muchas historias se han contado
de su talante travieso o malhumorado.
Detrás de cada árbol, de cada hoja,
esperan la ocasión
de salirnos al encuentro.
Criaturas sorprendentes, personitas
de barba larga y gris,
que se fusionan con la naturaleza.
Pero únicamente aquellos que aún
conserven la chispa en su interior,
la inocencia y la fantasía,
alcanzarán a disfrutar de su
compañía y sabiduría.
La armonía y el trabajo
son su estilo de vida.
¿Dónde viven los duendes?
¿Os habeís preguntado
alguna vez por ventura?
¡Tú has tenido suerte!
Lo has descubierto en ese
claro del bosque entre
los rayos del sol de la alborada.
Entre arboledas has hallado uno,
te ha mirado fijamente a los ojos,
él sabe lo que buscas.
Te guiará, porque todavía crees,
te lleva a un lugar
cuando allí te encuentras
la reconoces, es su casa.
La gran seta con la que
siempre sueñas, ahí está.
Hace mucho tiempo, tanto,
que lo habías olvidado.
Pero una sola no descubriste
de grandes setas
al pequeño poblado regresaste.
Ahora sabes lo que buscabas,
en tu memoria lo guardabas,
sólo tenías que regresar
para hallar la inocencia,
la alegría, la enseñanza,
los sonidos del bosque,
las letrillas que entonabas
y no recordabas quien
te las había enseñado,
la magia, tus travesuras,
tus bromas y el buen humor.
Pequeño duendecillo que te ha devuelto
la memoria de lo aprendido
en el bosque de tus infancias.
Ahora si, estás preparada
para volver al mundo real,
aquél en el que te habían
obligado a olvidar la fantasía,
los sueños y la alegría.
Pero ya no eres la de antes,
ahora vuelves a ser
la niña soñadora, fantasiosa,
que sabrá lidiar con el mundo actual.
Porque si te vuelves a perder
sabrás donde regresar.