Astor
Poeta recién llegado
Era joven y emprendedor, era bebedor de minutos perdidos, de aquellos que desperdiciamos por lo abundante que son, y que en realidad son pocos cuando vemos que no quedan mas curvas por doblar, solo un recta con un fin común a todos. Entonces decía, era joven y veinte sueños colgaban de mi inocencia, hasta que esa brisa tibia de primavera me despertó en medio de la calle, entre el apuro y las ganas de llegar tarde a donde debía llegar; asi fue que vi un par de zapatos chispeantes, negros, y sobre ellos dos hermosas columnas de humo volcánico, elevándose bajo un vestido de tela semi transparente, rojo, y atónitos quedaron los sonidos de los autos, silenciada fue cada una de las voces de la ciudad, y entre "tac" y "tac" de sus zapatos, quede sumergido en su rostro ya cargado de miradas celosas, obscenas, curiosas, enamoradas, fascinadas y alguna que otra como la mía… una mirada resignada a la realidad de no verle mas que sin su permiso.
Rechace en mi cabeza cada loca idea que mi corazón coló en él, solo para no buscar un pretexto si el rechazo llegaba a mi… pero cuando ella rozo el limite de mi vista y ya sin poder distinguir entre sueño y realidad, simplemente me deje llevar por la arrogancia de ese joven que yo no era, y sin dar vueltas recogí un par de flores de un jardín (las robe) emprendí un viaje interminable de 2 minutos y 1 hora, la disparatada coincidencia fue ver dos rosas en mis manos esquizofrénicas, iguales a las de aquel chico que te beso…
Que recuerdos aquellos, y que difícil escapar si en mis manos quedo marcado el apuro de cortar dos rosas para ti.
Rechace en mi cabeza cada loca idea que mi corazón coló en él, solo para no buscar un pretexto si el rechazo llegaba a mi… pero cuando ella rozo el limite de mi vista y ya sin poder distinguir entre sueño y realidad, simplemente me deje llevar por la arrogancia de ese joven que yo no era, y sin dar vueltas recogí un par de flores de un jardín (las robe) emprendí un viaje interminable de 2 minutos y 1 hora, la disparatada coincidencia fue ver dos rosas en mis manos esquizofrénicas, iguales a las de aquel chico que te beso…
Que recuerdos aquellos, y que difícil escapar si en mis manos quedo marcado el apuro de cortar dos rosas para ti.
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