Jose Anibal Ortiz Lozada
Poeta adicto al portal
No dejo de buscarte en las sombras de mi cuarto,
como si tus huellas pudieran seguir vivas
en la tibieza que dejó tu último abrazo.
Me aprendí de memoria el sonido de tu risa
y lo repito en silencio,
para que el eco no se sienta tan solo.
A veces pienso que te escondes
detrás de las canciones que ya no puedo escuchar,
y que tus manos aún saben
cómo encajar con las mías,
aunque estén tan lejos como el cielo del mar.
Quisiera decirte que todo está bien,
pero miento.
Porque el café no sabe igual,
porque la noche me pesa,
porque la cama es demasiado grande
y mi lado vacío
parece preguntarme dónde estás.
No sé si volverás,
no sé si este amor sabrá esperarte sin romperse,
pero cada día lo intento,
te invento, te abrazo en sueños,
y despierto con el corazón herido
pero todavía tuyo.
como si tus huellas pudieran seguir vivas
en la tibieza que dejó tu último abrazo.
Me aprendí de memoria el sonido de tu risa
y lo repito en silencio,
para que el eco no se sienta tan solo.
A veces pienso que te escondes
detrás de las canciones que ya no puedo escuchar,
y que tus manos aún saben
cómo encajar con las mías,
aunque estén tan lejos como el cielo del mar.
Quisiera decirte que todo está bien,
pero miento.
Porque el café no sabe igual,
porque la noche me pesa,
porque la cama es demasiado grande
y mi lado vacío
parece preguntarme dónde estás.
No sé si volverás,
no sé si este amor sabrá esperarte sin romperse,
pero cada día lo intento,
te invento, te abrazo en sueños,
y despierto con el corazón herido
pero todavía tuyo.