Yestefilo
Poeta recién llegado
La niebla no es niebla: es olvido que respira.
Un susurro sin voz que en el pecho se estira.
Tu ausencia no es falta: es presencia invertida,
una huella sin cuerpo, la raíz de la herida.
No hay eco sin alma que antes haya gritado,
ni dolor tan callado como el no ser nombrado.
Soy apenas un resto de un verbo no dicho,
una grieta en el mundo, un temblor sin sentido.
El amor fue un instante que nunca ocurrió,
una trampa en el tiempo donde el alma cayó.
Y al caer comprendí —sin consuelo ni forma—
que la vida no espera, ni ama, ni nombra.
Solo somos preguntas que el universo no oye,
ecos lanzados a un dios que no responde.
Y tú, ausencia infinita, me diste el reflejo:
que amar es abrirse…
y mirar al abismo dentro del espejo.
Y allí, en el fondo, no hay rostro, ni fuego,
ni consuelo, ni alma, ni fin, ni sosiego.
Solo el leve suspiro —último y ciego—
de saber que el amor…
nunca fue nuestro,
solo el sueño de ser, en un mundo sin dueño.
Un susurro sin voz que en el pecho se estira.
Tu ausencia no es falta: es presencia invertida,
una huella sin cuerpo, la raíz de la herida.
No hay eco sin alma que antes haya gritado,
ni dolor tan callado como el no ser nombrado.
Soy apenas un resto de un verbo no dicho,
una grieta en el mundo, un temblor sin sentido.
El amor fue un instante que nunca ocurrió,
una trampa en el tiempo donde el alma cayó.
Y al caer comprendí —sin consuelo ni forma—
que la vida no espera, ni ama, ni nombra.
Solo somos preguntas que el universo no oye,
ecos lanzados a un dios que no responde.
Y tú, ausencia infinita, me diste el reflejo:
que amar es abrirse…
y mirar al abismo dentro del espejo.
Y allí, en el fondo, no hay rostro, ni fuego,
ni consuelo, ni alma, ni fin, ni sosiego.
Solo el leve suspiro —último y ciego—
de saber que el amor…
nunca fue nuestro,
solo el sueño de ser, en un mundo sin dueño.