XAnnX
Poeta adicto al portal
Con dolor en el corazón se levanta la madre todos los días, hace el café muy temprano y espera a su marido con una píldora para el dolor de cabeza y un vaso con agua. Le hace el desayuno a su hija antes de ir a la escuela. Sale su hija con su lunchera y su esposo aún no despierta, sube de nuevo a la habitación y lo levanta. El hombre se para, la mujer ya no aguanta. La misma rutina de siempre. Él llega borracho a la casa, se acuesta en la hamaca mientras espera que se le pase un poco la rasca. Espera un rato y se orina, se para y como si nada entra en la habitación, se cambia y se acuesta a dormir. La mujer lo siente y se levanta, ya está cansada, está desbastada. Limpia el orine que dejó en la sala, tiene que hacerlo, es la ama de casa. Luego vuelve y se acuesta de nuevo, pero dormir es imposible. El olor a alcohol es fuerte, así que sólo le queda dar vueltas en la cama.
Que dolor siente esa madre, ya no vale la pena reclamos, ya no vale la pena el alarde. Su vida se ha convertido en un infierno monótono, llora diariamente y su familia no lo sabe. No deja a su esposo por complacer a su hija, por mantener esa falsa vida que tanto anheló de pequeña. ¿De que le sirve? No es feliz, pero para ella eso no es problema, piensa que así escogió vivir y no queda de otra. Muerta en vida recoge las penas y las guarda para el día siguiente. Cinco minutos de llanto diario, sus amigas son la escoba y la pala, su fiesta es limpiar la casa y sus momentos de descanso se ocupan en ver novelas que la dejan empapada en llanto.
Ya no ríe, ya no canta. Pone sonrisas falsa para que su hija no se entere de su sufrimiento, a su esposo lo deja tranquilo pues cuando hablaban sus discusiones terminaban en fuertes peleas y terminaba con un morado en la cara, una marca de semanas, de meses cubriéndose la cara en el mercado para que los vecinos no vieran lo que en su familia estaba pasando. Ahora sola en el sofá piensa “Dura vida la que toca, fuerte dolor el que nos deja nuestro sueños maquillados con mentiras. Pero no quiero perder a mi familia, mi hija es feliz y mi esposo aún trae comida a la casa así que sólo pondré una sonrisa en la cara y seguiré con mi rutina diaria”.
Que dolor siente esa madre, ya no vale la pena reclamos, ya no vale la pena el alarde. Su vida se ha convertido en un infierno monótono, llora diariamente y su familia no lo sabe. No deja a su esposo por complacer a su hija, por mantener esa falsa vida que tanto anheló de pequeña. ¿De que le sirve? No es feliz, pero para ella eso no es problema, piensa que así escogió vivir y no queda de otra. Muerta en vida recoge las penas y las guarda para el día siguiente. Cinco minutos de llanto diario, sus amigas son la escoba y la pala, su fiesta es limpiar la casa y sus momentos de descanso se ocupan en ver novelas que la dejan empapada en llanto.
Ya no ríe, ya no canta. Pone sonrisas falsa para que su hija no se entere de su sufrimiento, a su esposo lo deja tranquilo pues cuando hablaban sus discusiones terminaban en fuertes peleas y terminaba con un morado en la cara, una marca de semanas, de meses cubriéndose la cara en el mercado para que los vecinos no vieran lo que en su familia estaba pasando. Ahora sola en el sofá piensa “Dura vida la que toca, fuerte dolor el que nos deja nuestro sueños maquillados con mentiras. Pero no quiero perder a mi familia, mi hija es feliz y mi esposo aún trae comida a la casa así que sólo pondré una sonrisa en la cara y seguiré con mi rutina diaria”.