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Dogmatismo oculto

danie

solo un pensamiento...
En aquel lugar,

bajo la nebulosa tierra,
un batracio
desea ser un árbol
con sus ansias de clorofila.
Apetece ser un río
con la ubre mordida por las muelas andróginas,
sin sexo ni castidad.
Aspira ser una recta piedra.


Una piedra trémula
en ígnea hecatombe
que respira el moho
de lejanía
de los campanarios de un cielo.

También ambiciona
a las quimeras de las palomas.

Las palomas que anidan
en la frente afónica
del silencio,
con urnas de polvo
y tumbas de espectros,
con sueños de azufre
que deambulan sonámbulos
en los calcáreos pasos del tiempo.

Un batracio
se antoja por el todo
y la nada,
pero jamás
por el sudario
del hombre.
-----

En la hambruna
de la entelequia
de un vacío
en la psiquis,
de mentes grisáceas,
desleídas,
que se escurren
igual que cenizas,
con albas de acasos
que se enredan y ahorcan
con los muscíneos tropeles
del afluente de un albur.

D
ios se oculta…

Y se oculta bien
en los pasos de arena,
tras los ruidos que se quiebran,
sobre la historia que se funde
en las calcinadas décadas,
en los tules de horas punzando
la densa sangre de los minutos
insulsos…

D
ios se esconde
en nuestro pululante derrumbe
de boquetes de orina
y escoria marchita.

De marchas
de intrincados amasijos,
de tranvías pernoctados
en la infección de los carriles,
que atrancan sus ruedas
con el piélago del bullicio.

D
ios se cubre
y nos compadece;
viruelas del viejo oficio
(meretriz de los ángeles y serpientes),
de la vagina yerma
y sus úteros de regadas usuras
por la lengua carcomida
de las letras escritas con la estirpe de la sal
y el adobe añejo.

D
ios reza
por los gritos fétidos
del refugio de un albor,
voraces latidos
que inflaman la Aorta de las bocas,
de los manantiales y sus ruinas
de un terruño oxidado
e inmerso
en su propio acero,
amalgamado en la piel del lobo
vestido de oveja
y roído hasta el hollín
de su cárcava oscura,
por el rabadán,
por el mayoral
coronado
con el ilusorio laurel santo
del fiel pastor.


Peregrino del rigor



de los intestinos

del ébano constreñido,



esculpido
por los atascados meollos




de visiones



con abscesos

que defecan batracios...

 
Nace y finaliza tu poema
con la iamgen del batracio
entre una mezcla de plegarias
y reclamos que interpreto
de tu bien logrado surrealismo
admirable forma de hilvanar
con fineza cada imagen
y llevarnos por la senda de tus versos
aunque confieso que casi nunca
atino, sobre todo en este foro,
con el contenido del poema,
si percibo gran belleza de la imagen
y un profundo contenido,
Encantada de pasar y tratar de aprender de este foro,
mis respetos,

ligiA
 
Quizás porque los batracios no tienen la estupidez del ser humano y a pesar de su condición saben en su interior del creador y sus proezas, de Él y sus cuidados y de las infinitas maneras que tiene de presentarse. Hermosisimo y profundo poema poeta Danie, saludos para usted
 
excelente versar.. birn entrelazado. un placer leerleQUOTE=danie;5150808]
En aquel lugar,

bajo la nebulosa tierra,
un batracio
desea ser un árbol
con sus ansias de clorofila.
Apetece ser un río
con la ubre mordida por las muelas andróginas,
sin sexo ni castidad.
Aspira ser una recta piedra.


Una piedra trémula
en ígnea hecatombe
que respira el moho
de lejanía
de los campanarios de un cielo.

También ambiciona
a las quimeras de las palomas.

Las palomas que anidan
en la frente afónica
del silencio,
con urnas de polvo
y tumbas de espectros,
con sueños de azufre
que deambulan sonámbulos
en los calcáreos pasos del tiempo.

Un batracio
se antoja por el todo
y la nada,
pero jamás
por el sudario
del hombre.
-----

En la hambruna
de la entelequia
de un vacío
en la psiquis,
de mentes grisáceas,
desleídas,
que se escurren
igual que cenizas,
con albas de acasos
que se enredan y ahorcan
con los muscíneos tropeles
del afluente de un albur.

D
ios se oculta…

Y se oculta bien
en los pasos de arena,
tras los ruidos que se quiebran,
sobre la historia que se funde
en las calcinadas décadas,
en los tules de horas punzando
la densa sangre de los minutos
insulsos…

D
ios se esconde
en nuestro pululante derrumbe
de boquetes de orina
y escoria marchita.

De marchas
de intrincados amasijos,
de tranvías pernoctados
en la infección de los carriles,
que atrancan sus ruedas
con el piélago del bullicio.

D
ios se cubre
y nos compadece;
viruelas del viejo oficio
(meretriz de los ángeles y serpientes),
de la vagina yerma
y sus úteros de regadas usuras
por la lengua carcomida
de las letras escritas con la estirpe de la sal
y el adobe añejo.

D
ios reza
por los gritos fétidos
del refugio de un albor,
voraces latidos
que inflaman la Aorta de las bocas,
de los manantiales y sus ruinas
de un terruño oxidado
e inmerso
en su propio acero,
amalgamado en la piel del lobo
vestido de oveja
y roído hasta el hollín
de su cárcava oscura,
por el rabadán,
por el mayoral
coronado
con el ilusorio laurel santo
del fiel pastor.


Peregrino del rigor



de los intestinos

del ébano constreñido,



esculpido
por los atascados meollos




de visiones



con abscesos

que defecan batracios...

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