ivoralgor
Poeta fiel al portal
La tormenta de lánguidos ardores se consume entre luciérnagas de carisma oblicuo. Aquellas nostalgias vagan en los bigotes pausados de grillos a medio morir. La rubia sensación de sedentarismo se agota en la lengua de una lagartija que juega a ser camaleón. Lúgubre está el sepulcro de las emociones que dieron vida a los sueños más insignificantes. La mirada taciturna de una rata hurga en los sedimentos de un suspiro que se ha quedado varado en la tierra que sostiene una cruz en la cabecera del sepulcro. Un cuervo despistado se relame las patas con el consentimiento de la lagartija. Se aleja una sombra cual autómata sin vida, lleno de instrucciones que sólo le dictan que ha muerto desde hace mucho. La rata se ha retirado ante la insistente mirada adusta del cuervo. La lagartija sigue de soslayo a la sombra que se aleja entre una nube de ardores de soledad.