Nadie,
con dos dedos de frente
comete delito,
y ve de cerca un milagro.
En otras lenguas:
muerto de risa
el carcelero
desnudo de sus harapos, volvió a casa.
A decir verdad,
cuervos anidaron en sus ojos
salvo el relicario
bajo tierra.
Oído a la música
alguien ora
mientras esconde el puñal.