Armando Gómez
Poeta recién llegado
Te invito a mirar por esa cortina, entrada con peaje a los ojos de esos gigantes
Le decimos cortina por cortesía, pero no se puede dejar de mirar
Le decimos cortina por angustia, porque no se puede dejar de mirar
Ellos lo mirarían como un simple y burgués agujero.
Círculo imperfecto,
Ruptura de un muro
Pero mi fealdad me dice que no es así...
Observa, este agujero esconde y abraza nuestro miedo a la vida
Del tamaño de un pulgar es el espacio que hace brillar a esa superficie jurídica
Mira como encarna en su pared una resina, como estandarte de nuestra soledad asqueada por el tránsito de estas patas flacas y pegajosas
Nacemos como la plaga condicionada a soportar la destrucción más recolectora de hectáreas
La destrucción más cazadora de ruina y silencio, pero la suela habla más que cualquier trayecto o palabra
Dirían que somos vagabundos, pero somos huéspedes de lujo en el ritual del insalubre sentir
Dirían que somos peste
Pero somos perfume
De la reproducción mugrienta
De la introspección entre alas poco utilizadas
De la descomposición espiritual, que es un manjar para esas bellas hormigas sistematizadas
Nuestra casa es la segregante cloaca, un nido sobreprotector
Un sobrepoblado flujo, larva y sanguijuela de la esperanza muerta
Donde un rocío venenoso, junto con una pinza de cinco dedos no siempre exacta
Nos coloca más abajo de lo que se considere abajo, asombro ignorante del primer escalón de esa tal pirámide alimenticia
Somos una argolla más en la cadena, que amarra al León babeante y lo pasea entre lo impensable
Como la idea de un Dios inhalando nuestro humo negro
Atmósfera de este
búnker abierto, de este capullo extinto
De este smog de barrio chino, de esta sociedad milenaria
Entendidos del arte de expulsar impurezas
Resaca del Kafkeano, vaso volcado por la gravedad de este sentimiento viscoso que corroe un sartén en desuso, y que sirve de condimento del limpio de moral
Gas pimienta para el rostro del ermitaño que se olvidó de la embriagante uva fresca, y se limitó a abrir el plástico de la pasa seca, que guarda hastío y velocidad
Velocidad de arrruga, que rompe una mano de pintura en el antifaz humano
Velocidad de arruga, que rompe una escama del reptiliano
Velocidad de arruga, que rompe una capa de maquillaje en la cara ausente
Frivolidad encapsulada, nubes grises entre antenas atentas
Temiendo que le den vuelta a su mundo de mal olor, y tener que consumir de frente el oxígeno
Encerradas, dirigidas y expulsadas por la luz que ilumina o estrella
Y en el exilio del bicho, nos tocó ser discípulos de lo oscuro
Maestro que enseña el crear desde la insignificancia, para dar un tour guiado en la esquina sucia, que adorna la casa de la trascendencia más sincera.
Le decimos cortina por cortesía, pero no se puede dejar de mirar
Le decimos cortina por angustia, porque no se puede dejar de mirar
Ellos lo mirarían como un simple y burgués agujero.
Círculo imperfecto,
Ruptura de un muro
Pero mi fealdad me dice que no es así...
Observa, este agujero esconde y abraza nuestro miedo a la vida
Del tamaño de un pulgar es el espacio que hace brillar a esa superficie jurídica
Mira como encarna en su pared una resina, como estandarte de nuestra soledad asqueada por el tránsito de estas patas flacas y pegajosas
Nacemos como la plaga condicionada a soportar la destrucción más recolectora de hectáreas
La destrucción más cazadora de ruina y silencio, pero la suela habla más que cualquier trayecto o palabra
Dirían que somos vagabundos, pero somos huéspedes de lujo en el ritual del insalubre sentir
Dirían que somos peste
Pero somos perfume
De la reproducción mugrienta
De la introspección entre alas poco utilizadas
De la descomposición espiritual, que es un manjar para esas bellas hormigas sistematizadas
Nuestra casa es la segregante cloaca, un nido sobreprotector
Un sobrepoblado flujo, larva y sanguijuela de la esperanza muerta
Donde un rocío venenoso, junto con una pinza de cinco dedos no siempre exacta
Nos coloca más abajo de lo que se considere abajo, asombro ignorante del primer escalón de esa tal pirámide alimenticia
Somos una argolla más en la cadena, que amarra al León babeante y lo pasea entre lo impensable
Como la idea de un Dios inhalando nuestro humo negro
Atmósfera de este
búnker abierto, de este capullo extinto
De este smog de barrio chino, de esta sociedad milenaria
Entendidos del arte de expulsar impurezas
Resaca del Kafkeano, vaso volcado por la gravedad de este sentimiento viscoso que corroe un sartén en desuso, y que sirve de condimento del limpio de moral
Gas pimienta para el rostro del ermitaño que se olvidó de la embriagante uva fresca, y se limitó a abrir el plástico de la pasa seca, que guarda hastío y velocidad
Velocidad de arrruga, que rompe una mano de pintura en el antifaz humano
Velocidad de arruga, que rompe una escama del reptiliano
Velocidad de arruga, que rompe una capa de maquillaje en la cara ausente
Frivolidad encapsulada, nubes grises entre antenas atentas
Temiendo que le den vuelta a su mundo de mal olor, y tener que consumir de frente el oxígeno
Encerradas, dirigidas y expulsadas por la luz que ilumina o estrella
Y en el exilio del bicho, nos tocó ser discípulos de lo oscuro
Maestro que enseña el crear desde la insignificancia, para dar un tour guiado en la esquina sucia, que adorna la casa de la trascendencia más sincera.