demonio de una mente
Poeta asiduo al portal
Dile a mi corazón, ¿Por qué la mataste?
Los recuerdos de mi infancia
junto a ella,
revolotean en mi corazón,
la chica entonces más bella,
la estampa de su risita,
la veo en cada rincón.
Su rubia cabellera,
sus manos de algodón,
su cuerpo de tierna cera,
y sus labios que aun busca
mi cerebro villanchón.
En el frívolo calabozo,
el futuro nublado,
camina sobre el ayer espantoso,
su silueta a mi lado,
no sabes cuanto te pienso,
ni cuanto tiempo te habré llorado.
Cerebro, ten clemencia
dile a mi corazón,
¿Por qué la mataste?
me asusta tu demencia,
latigazos de neuronas,
sobre mi corazón aplastaste.
Cerebro no seas tan molesto,
dime por qué te la llevaste,
cuanto te portas así,
no sabes cuanto lo detesto,
dime ¿Por qué la mataste?
El amor puede ser tan triste,
cuando un corazón la ama,
y un cerebro psicótico embiste,
dime ¿Cómo pude haber
mantenido yo la llama?
Su silueta tan afable,
como nuestros amaneceres,
mi cerebro, quería vestirla de rojo,
asustada ella me pregunto
-¿Quién eres?-
con mirada tan perturbadora,
le dije-soy el hombre
cuyo corazón te quiere,
pero cuyo cerebro de forma enfermiza
te adora-.
Cerebro ¿Por qué la mataste?
si mi corazón la amaba tanto,
y aún la ama…
Los recuerdos de mi infancia
junto a ella,
revolotean en mi corazón,
la chica entonces más bella,
la estampa de su risita,
la veo en cada rincón.
Su rubia cabellera,
sus manos de algodón,
su cuerpo de tierna cera,
y sus labios que aun busca
mi cerebro villanchón.
En el frívolo calabozo,
el futuro nublado,
camina sobre el ayer espantoso,
su silueta a mi lado,
no sabes cuanto te pienso,
ni cuanto tiempo te habré llorado.
Cerebro, ten clemencia
dile a mi corazón,
¿Por qué la mataste?
me asusta tu demencia,
latigazos de neuronas,
sobre mi corazón aplastaste.
Cerebro no seas tan molesto,
dime por qué te la llevaste,
cuanto te portas así,
no sabes cuanto lo detesto,
dime ¿Por qué la mataste?
El amor puede ser tan triste,
cuando un corazón la ama,
y un cerebro psicótico embiste,
dime ¿Cómo pude haber
mantenido yo la llama?
Su silueta tan afable,
como nuestros amaneceres,
mi cerebro, quería vestirla de rojo,
asustada ella me pregunto
-¿Quién eres?-
con mirada tan perturbadora,
le dije-soy el hombre
cuyo corazón te quiere,
pero cuyo cerebro de forma enfermiza
te adora-.
Cerebro ¿Por qué la mataste?
si mi corazón la amaba tanto,
y aún la ama…
Última edición: