prisionero inocente
Poeta que considera el portal su segunda casa
[TABLE="width: 100%"]
[TR]
[TD="colspan: 2"]
[/TD]
[/TR]
[TR]
[TD="colspan: 2"]Algunos domingos son como romances de entierro
susurrados por el sordo ente de las campanas.
Entonces venero la obscenidad del mismo refugio
como un alma de caracol.
Algunos sábados son un espasmo dilatado,
un ocaso acuchillado por garzas.
Es cuando me siento libre de todos los crímenes
y mastico el musgo de lamento
crecido sobre la mueca de la nada.
Algunos viernes el aire se inquieta
y vomita más sombras de lo que merezco.
Y me destierro del pasado, me arranco los cuerpos
de la telaraña del credo, me vuelvo ateo de mi mismo.
Algunos jueves llueve y el universo parece que se resume a llover.
Entonces padezco de lluvia y de lenguas de albatros naufragado.
Algunos miércoles son el soplo ácido de las primaveras del veneno
y uno se adhiere al trance de escalofríos,
uno cree que la salvación es cosa de bruja.
Algunos martes son el miedo silencioso
sin gatos y sin calles que olvidar,
como el galope de las amebas.
Algunos lunes son esqueletos de domingo
y un duelo de murciélagos
advierte que el tiempo devora al tiempo.[/TD]
[/TR]
[/TABLE]
[TR]
[TD="colspan: 2"]
[/TD]
[/TR]
[TR]
[TD="colspan: 2"]Algunos domingos son como romances de entierro
susurrados por el sordo ente de las campanas.
Entonces venero la obscenidad del mismo refugio
como un alma de caracol.
Algunos sábados son un espasmo dilatado,
un ocaso acuchillado por garzas.
Es cuando me siento libre de todos los crímenes
y mastico el musgo de lamento
crecido sobre la mueca de la nada.
Algunos viernes el aire se inquieta
y vomita más sombras de lo que merezco.
Y me destierro del pasado, me arranco los cuerpos
de la telaraña del credo, me vuelvo ateo de mi mismo.
Algunos jueves llueve y el universo parece que se resume a llover.
Entonces padezco de lluvia y de lenguas de albatros naufragado.
Algunos miércoles son el soplo ácido de las primaveras del veneno
y uno se adhiere al trance de escalofríos,
uno cree que la salvación es cosa de bruja.
Algunos martes son el miedo silencioso
sin gatos y sin calles que olvidar,
como el galope de las amebas.
Algunos lunes son esqueletos de domingo
y un duelo de murciélagos
advierte que el tiempo devora al tiempo.[/TD]
[/TR]
[/TABLE]