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30 de octubre 2005
Mi imaginación siempre me ha servido de recurso salvador.
Me acompaña a todas partes, muchas veces me libera de mis penas
y arma alborotada todas mis locuras. Pero me deja a mí la peor parte:
la de manejar el lenguaje. Como astuta gitana, viaja sin boleto
y sin pasaporte. ¡Ya quisiera yo, hacer lo que ella!
Yo tengo que inventarlo todo: palabras, gestos. Se aleja cuando quiere
o se oculta cuando se sabe perseguida .
Ahora está aquí, pero media cansada, y no quiere imaginar nada.
Así que escribo con la certeza de que no interrumpirá.
Hace calor esta noche, no sopla viento y se escuchan claramente
los coquies. Y dentro de mí, oigo el eco de un clamor nocturno.
Me sumerjo en el abrazo sonoro de la soledad, en el impulso
sediento de volar. No me lo puedo tomar en serio, porque
terminaré sufriendo alguna alucinación.
El silencio es como el mar sobre la noche, sobrenatural y de
respeto, porque no se sabe que trae escondido.
El silencio invita a las anécdotas, a los recuerdos y a las estrellas
aguadas a rodar y hacer surcos luminosos en la cara. Por eso es
es bueno escuchar alguna melodía o una canción de moda.
La verdad, no sé por qué he comenzado a escribir esto. Pero si
Dios hace acto de presencia aquí, entonces dejaré las torpezas y
tal vez comience a conducir por buen camino esta orgía de letras
que se aproximan., y escribiré un buen poema
¿Qué les parece?
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30 de octubre 2005
Mi imaginación siempre me ha servido de recurso salvador.
Me acompaña a todas partes, muchas veces me libera de mis penas
y arma alborotada todas mis locuras. Pero me deja a mí la peor parte:
la de manejar el lenguaje. Como astuta gitana, viaja sin boleto
y sin pasaporte. ¡Ya quisiera yo, hacer lo que ella!
Yo tengo que inventarlo todo: palabras, gestos. Se aleja cuando quiere
o se oculta cuando se sabe perseguida .
Ahora está aquí, pero media cansada, y no quiere imaginar nada.
Así que escribo con la certeza de que no interrumpirá.
Hace calor esta noche, no sopla viento y se escuchan claramente
los coquies. Y dentro de mí, oigo el eco de un clamor nocturno.
Me sumerjo en el abrazo sonoro de la soledad, en el impulso
sediento de volar. No me lo puedo tomar en serio, porque
terminaré sufriendo alguna alucinación.
El silencio es como el mar sobre la noche, sobrenatural y de
respeto, porque no se sabe que trae escondido.
El silencio invita a las anécdotas, a los recuerdos y a las estrellas
aguadas a rodar y hacer surcos luminosos en la cara. Por eso es
es bueno escuchar alguna melodía o una canción de moda.
La verdad, no sé por qué he comenzado a escribir esto. Pero si
Dios hace acto de presencia aquí, entonces dejaré las torpezas y
tal vez comience a conducir por buen camino esta orgía de letras
que se aproximan., y escribiré un buen poema
¿Qué les parece?
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