Tomás M. Plaza
Poeta recién llegado
[center:e2f64900c1]DIA DOCE
De la oscuridad
Porque he soñado las huellas que abandono,
porque las busco,
regreso al génesis de mi locura
y comprendo entonces que secar mis venas
o destrozarme, no arregla nada.
La letras sangran y mis manos
y mis ojos.
En las noches de absurda soledad
sangra mi silencio.
Me he permitido el llanto hasta el punto
en que no siento el dolor,
hasta el punto de no llorar,
me he permitido la muerte de los míos
y las falsas esperanzas de volver
a verlos entrar.
Lo he permitido y me he vuelto
uno con la esquizofrenia,
y he reprochado la vida y al dios
que nos cuida... ¿Que nos cuida?
Estoy en busca de falsos profetas,
que pueda tocar,
que al menos se dignen, por si mismos,
decepcionarme.
Llámenle blasfemos a los gritos
que escuchan,
y yo les invitaré del vaso de cicuta
con el que fui condenado.[/center:e2f64900c1]
De la oscuridad
Porque he soñado las huellas que abandono,
porque las busco,
regreso al génesis de mi locura
y comprendo entonces que secar mis venas
o destrozarme, no arregla nada.
La letras sangran y mis manos
y mis ojos.
En las noches de absurda soledad
sangra mi silencio.
Me he permitido el llanto hasta el punto
en que no siento el dolor,
hasta el punto de no llorar,
me he permitido la muerte de los míos
y las falsas esperanzas de volver
a verlos entrar.
Lo he permitido y me he vuelto
uno con la esquizofrenia,
y he reprochado la vida y al dios
que nos cuida... ¿Que nos cuida?
Estoy en busca de falsos profetas,
que pueda tocar,
que al menos se dignen, por si mismos,
decepcionarme.
Llámenle blasfemos a los gritos
que escuchan,
y yo les invitaré del vaso de cicuta
con el que fui condenado.[/center:e2f64900c1]