abcd
Poeta adicto al portal
Que ameno resulta herir con los ojos,
así como cuando dos palabras se abrazan por sus cargas invertidas
y no pueden repetirse porque se van a repeler hasta la eternidad de su próxima pronunciación.
Tu rostro duele, tú, conspicua de todas las mujeres de rostro bello,
deberías no existir en las manos de los niños tristes y perdidos
pues tu sonrisa orla la alegría, la epifanía del silbar desprevenido.
Aún si desnortado me asfixie por tampoco tener sur
voy a tener el pan, el vino y la copa para brindar con quien no me persiga
y si el amor es un cuento mezquino, convidaré de mi todo lo que guarde con envoltura.
No miremos lo mismo que mira la soledad,
hay que abrazar profundo, demoler el hueso,
que somos iguales, que a todos nos duele herir sin mirar a los ojos.
así como cuando dos palabras se abrazan por sus cargas invertidas
y no pueden repetirse porque se van a repeler hasta la eternidad de su próxima pronunciación.
Tu rostro duele, tú, conspicua de todas las mujeres de rostro bello,
deberías no existir en las manos de los niños tristes y perdidos
pues tu sonrisa orla la alegría, la epifanía del silbar desprevenido.
Aún si desnortado me asfixie por tampoco tener sur
voy a tener el pan, el vino y la copa para brindar con quien no me persiga
y si el amor es un cuento mezquino, convidaré de mi todo lo que guarde con envoltura.
No miremos lo mismo que mira la soledad,
hay que abrazar profundo, demoler el hueso,
que somos iguales, que a todos nos duele herir sin mirar a los ojos.