Paolo Luna
Poeta adicto al portal
Cantos de canarios y turpiales,
tan maravillosos,
todos sin iguales;
son las dulces voces de los niños,
sones tan hermosos,
sones naturales.
Frías madrugadas blanquecinas,
hielan las ventanas,
hielan las cortinas;
cortan bellos sueños infantiles
y hablan voces sanas,
tibias y ocarinas.
Tarde de juguetes y soleada,
juegos inocentes,
nacen de la nada;
dejan ver los niños su inocencia,
libres son sus mentes,
alma nacarada.
Llega el manto oscuro, lento y manso,
camas ya tendidas
llaman al descanso;
duermen querubines agotados,
diez adormecidas
horas de remanso.
tan maravillosos,
todos sin iguales;
son las dulces voces de los niños,
sones tan hermosos,
sones naturales.
Frías madrugadas blanquecinas,
hielan las ventanas,
hielan las cortinas;
cortan bellos sueños infantiles
y hablan voces sanas,
tibias y ocarinas.
Tarde de juguetes y soleada,
juegos inocentes,
nacen de la nada;
dejan ver los niños su inocencia,
libres son sus mentes,
alma nacarada.
Llega el manto oscuro, lento y manso,
camas ya tendidas
llaman al descanso;
duermen querubines agotados,
diez adormecidas
horas de remanso.
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