Érase un periquito
que quería compañía,
y no es que su amo
no se la buscase
pues al amigo
que una vez se lo regaló,
que criaba estas aves,
le convenció un buen día
para que le vendiese
una pareja ideal,
que a Dexter le conviniese.
Éste, le presentó
a varias candidatas
que al entrar en la jaula
se volvían incompatibles
pues al pobre Dexter
le tiraban de la cola
y de su amarillo copete.
Tantas calabazas le daban,
que su amo,
por vencido se dio,
ya que a su amigo
se le acabaron las hembras
que ofrecerle al solterón.
Mas, como última opción,
éste le presentó,
esta vez a un macho,
de tamaño más pequeño,
al que Cholo le llamó.
"Por probar no pasa nada.
Si se empiezan
a desplumar los dos,
me lo llevo pronto a casa".
Así de esta forma,
a la jaula lo metió
temiendo la misma reacción.
Pero Dexter,
del pequeño Cholo
se enamoró
y como a una novia
lo cortejó.
Y Cholo, ¡quién lo diría!,
con la misma emoción,
le correspondió.
Los animales aman de corazón,
sin discriminación alguna,
sin importarles los criterios
de la humana razón.
que quería compañía,
y no es que su amo
no se la buscase
pues al amigo
que una vez se lo regaló,
que criaba estas aves,
le convenció un buen día
para que le vendiese
una pareja ideal,
que a Dexter le conviniese.
Éste, le presentó
a varias candidatas
que al entrar en la jaula
se volvían incompatibles
pues al pobre Dexter
le tiraban de la cola
y de su amarillo copete.
Tantas calabazas le daban,
que su amo,
por vencido se dio,
ya que a su amigo
se le acabaron las hembras
que ofrecerle al solterón.
Mas, como última opción,
éste le presentó,
esta vez a un macho,
de tamaño más pequeño,
al que Cholo le llamó.
"Por probar no pasa nada.
Si se empiezan
a desplumar los dos,
me lo llevo pronto a casa".
Así de esta forma,
a la jaula lo metió
temiendo la misma reacción.
Pero Dexter,
del pequeño Cholo
se enamoró
y como a una novia
lo cortejó.
Y Cholo, ¡quién lo diría!,
con la misma emoción,
le correspondió.
Los animales aman de corazón,
sin discriminación alguna,
sin importarles los criterios
de la humana razón.