Crivas92
Poeta recién llegado
Siento la lluvia saltar sobre mis hombros,
Como la naturaleza queriendo llamar mi atención,
Nunca supe disfrutarla,
Nunca supe hasta hoy.
Veo a mi alrededor,
Hojas verdes, árboles,
Personas alegres,
perros, niños,
Ancianos sentados en bancas y una lluvia como no suele haber en Lima.
Me siento al lado de una anciana,
Y me pongo a escribir,
Las gotas caen sobre mi tablet,
Pero no me incomoda,
Es más, me inspira,
El caos perfecto de la naturaleza,
El caos perfecto de la vida,
Eso me inspira.
No se cual será mi siguiente paso y no me importa mucho,
Solo por este momento quiero olvidarlo,
Solo sentir,
Sentir el amor que Dios tiene para mí.
Antes de ayer tuve una última conversación con ella,
No digo última porque sea la última que tendremos,
Sino porque marcó el final de algo precioso,
Algo que merece ser escrito,
Y dio inicio a algo que me prometo será aún más precioso,
El resto de mi vida.
He aprendido mucho estos últimos días,
Lecciones de amor,
Cosas que sabía pero no recordaba,
Acerca de sentir y del vivir en riesgo,
En riesgo de no saber que pasará,
De no planear mi siguiente movimiento.
La anciana de mi costado se voltea a mirarme y me sonríe.
- Hola, le digo.
- Hola hijito. ¿Te gusta escribir?
- Sí.
- ¿Podría ver? Me pregunta ella sonriendo.
- Claro, y le entregué la tablet.
Ella se veía confundida, nunca había usado una, le enseñé como hacerlo, nos reímos un rato y leyó unos tres poemas, los que más me gustaban.
- Que lindo escribes, me recuerdas a mi hijito.
- ¿Tiene algo escrito por él?
- Aquí no, pero puedo traerlo otro día.
- Mañana tráigalo a la misma hora, me encantaría leerlo.
- Perfecto, dijo sonriendo.
- Ya me necesito ir, cuídese, nos vemos.
- Chau hijito, cuídate.
Salí del parque contento,
Con el pecho en alto,
Conocer gente de la nada me encanta,
Es como una película, como si estuviera escrito que pase.
De regreso a mi casa me puse a ver una película,
La disfruté como nunca, cada escena, el sonido, todo me hacía sentido,
Terminó y me eché a dormir, en paz.
Al día siguiente me fui a trabajar,
Y calculé mi tiempo para encontrarme con la señora,
Llegué 30 minutos tarde y me senté,
La esperé por una hora y no apareció,
Desencantado por lo que había sucedido regresé a mi casa,
Vi televisión y me quedé dormido.
Al día siguiente igual,
Trabajé, luego al parque, no apareció y a mi casa,
Cinco días pasé en ese plan,
Pero nunca apareció,
Con los días me olvidé de eso,
Ese fin de semana fui a la playa,
Me divertí y de nuevo a la rutina,
Empecé a salir más tarde del trabajo.
Empezando las clases me despedí de la playa,
Empecé con pie derecho,
Repasando todas las semanas,
Con miedo de repetir el error que me llevó a jalar el ciclo pasado,
Entre la chamba y la universidad me enfoqué,
Completamente concentrado en aprender,
Nunca me había dedicado ni lo había disfrutado tanto.
Unos meses después mi contrato terminó,
Dejé el trabajo y con más fuerza me dediqué al estudio,
Pero en mis tiempos muertos no hacía nada, solo "descanzar",
Me alejé de tanta gente que no sabía a quien llamar,
Me sentía solo,
Aburrido,
Sin piso.
Los días empezaban a repetirse,
Mis notas eran altas y me enorgullecían,
Y no entendía por que a veces me deprimía.
Entonces,
Un día saliendo de la universidad,
Me di cuenta de que ya no tenía una vida,
Ya casi terminaba el año de nuevo y no tenía ni un recuerdo divertido,
Cansado,
Con flojera de hacer cualquier cosa para la que no me sintiera en la necesidad de hacer,
Entonces llegué al parque,
El mismo parque que solía visitar,
Y en una banca,
Sentada,
Estaba esa señora,
Mirando al sueño,
En su cuerpo notaba tristeza.
Me acerqué a ella.
- Hola. ¿Se acuerda de mí?
- Hijito, como estas.
- Bien. ¿Usted?
- No tan bien hijito. ¿Sigues escribiendo?
Es cierto, lo había olvidado. ¿Cuándo había sido la última vez? No lo recuerdo.
- No, hace un tiempo que no.
- Sigue escribiendo hijito, escribías muy lindo.
- Es que no se... Verdad, me dijo que iba a mostrarme algunos poemas de su hijo.
- Es verdad hijito, justo aquí tengo uno que escribió antes de irse.
Tomé el papel y lo leí. La primera palabra, fuerte y concreta me atrapó, los versos fluían con musicalidad, sin mucha palabrería, sin palabras rebuscadas me hizo sentir muchas cosas. Era real, era directo, era inspirador. Me hizo inspirar hasta que mis pulmones se saturaron, luego exhalé.
Terminé de leer con una sensación extraña,
Con una sonrisa,
Con los ojos bien abiertos,
Hablaba del amor, de los humanos, de los animales, de Dios,
Me hizo recordar el inicio de mi verano pasado,
Como me sentía conmigo mismo,
Poderoso, inspirador, seguro,
Y como veía el mundo, completamente agradecido.
Volteé a ver a la anciana sonriendo.
- Gracias, me encantó, me gustaría conocer a su hijo,
- Hay hijito, él esta muerto.
Algo en mi estómago se revolvió.
- Lo-lo siento mucho.
- No te preocupes hijito, dijo ella limpiándose las lágrimas. Murió por un accidente de auto. Ese día que nos conocimos, ahí nomas se murió. Regresé a mi casa, él aún no llegaba, lo llamé a eso de las 12 y no me contestaba. A las horitas me llaman y me dicen que estaba en el hospital, había estado manejando y se le cruzó un carro y lo chocó. La señora lloraba, se apoyaba en mi hombro y lloraba. Ni siquiera estaba borracho, solo manejaba.
Entonces, todos los problemas que sentía que tenía, desaparecieron en ese momento, mientras veía a la señora llorar sobre mis hombros.
- Lo siento, no-no tenía idea. Se me formaba un nudo en la garganta y me salían lágrimas.
Abracé a la señora y nos quedamos así por unos minutos.
- Hay hijito, Dios quiera que no te pase eso.
Desde entonces, esa señora y yo somos amigos, conversamos, me cuenta sus historias, sus sentimientos, le leo mis poemas, le cuento sobre mí.
A veces no tenemos mucho de que hablar,
Pero siempre es bonito verla,
Me presentó a sus demás hijos y me volví amigo de ellos,
Se han vuelto casi una segunda familia.
Al final no me costó mucho recuperar a mis amigos,
Algunos solo esperaban con los brazos abiertos,
Conseguir otro trabajo, mi inspiración,
todo dependía solo de mí,
Seguí aprendiendo y disfrutando,
Pero lo que esa señora perdió no se puede recuperar,
Solo le queda seguir y aceptar.
Esa es la realidad,
Y yo viví un sueño por mucho tiempo,
En mi burbuja,
Una vida tan limpia,
Pensando que experiencias como esa solo le podían ocurrir a otros,
Personas ajenas a mí y mi rol ahí era no entrometerme,
Porque ahí soy un cero a la izquierda,
Ahora se que no es así,
Que mi apoyo cuenta,
Y que puede hacer la diferencia.
Ahora estoy sentado en el parque,
Conversando con Isabel,
Así se llama la señora,
Ella bromea, sonríe, acaricia a los perros.
- Oye hijito, dijo de pronto.
- La miré sonriendo.
- Muchas gracias, estos últimos tres años me has apoyado mucho, me has acompañado, Dios tiene un sitio separado para ti en el cielo,
Así como yo tengo un sitio para ti en mi corazón.
Me abrazó y yo empecé a llorar,
Agradeciendo esta oportunidad,
Quien pensaría que las cosas irían así,
No se si exista el destino, yo no creo en él,
Pienso que cada quien lo forma como quiere,
Pero ese encuentro cuatro años atrás no fue coincidencia,
Definitivamente no lo fue.
Como la naturaleza queriendo llamar mi atención,
Nunca supe disfrutarla,
Nunca supe hasta hoy.
Veo a mi alrededor,
Hojas verdes, árboles,
Personas alegres,
perros, niños,
Ancianos sentados en bancas y una lluvia como no suele haber en Lima.
Me siento al lado de una anciana,
Y me pongo a escribir,
Las gotas caen sobre mi tablet,
Pero no me incomoda,
Es más, me inspira,
El caos perfecto de la naturaleza,
El caos perfecto de la vida,
Eso me inspira.
No se cual será mi siguiente paso y no me importa mucho,
Solo por este momento quiero olvidarlo,
Solo sentir,
Sentir el amor que Dios tiene para mí.
Antes de ayer tuve una última conversación con ella,
No digo última porque sea la última que tendremos,
Sino porque marcó el final de algo precioso,
Algo que merece ser escrito,
Y dio inicio a algo que me prometo será aún más precioso,
El resto de mi vida.
He aprendido mucho estos últimos días,
Lecciones de amor,
Cosas que sabía pero no recordaba,
Acerca de sentir y del vivir en riesgo,
En riesgo de no saber que pasará,
De no planear mi siguiente movimiento.
La anciana de mi costado se voltea a mirarme y me sonríe.
- Hola, le digo.
- Hola hijito. ¿Te gusta escribir?
- Sí.
- ¿Podría ver? Me pregunta ella sonriendo.
- Claro, y le entregué la tablet.
Ella se veía confundida, nunca había usado una, le enseñé como hacerlo, nos reímos un rato y leyó unos tres poemas, los que más me gustaban.
- Que lindo escribes, me recuerdas a mi hijito.
- ¿Tiene algo escrito por él?
- Aquí no, pero puedo traerlo otro día.
- Mañana tráigalo a la misma hora, me encantaría leerlo.
- Perfecto, dijo sonriendo.
- Ya me necesito ir, cuídese, nos vemos.
- Chau hijito, cuídate.
Salí del parque contento,
Con el pecho en alto,
Conocer gente de la nada me encanta,
Es como una película, como si estuviera escrito que pase.
De regreso a mi casa me puse a ver una película,
La disfruté como nunca, cada escena, el sonido, todo me hacía sentido,
Terminó y me eché a dormir, en paz.
Al día siguiente me fui a trabajar,
Y calculé mi tiempo para encontrarme con la señora,
Llegué 30 minutos tarde y me senté,
La esperé por una hora y no apareció,
Desencantado por lo que había sucedido regresé a mi casa,
Vi televisión y me quedé dormido.
Al día siguiente igual,
Trabajé, luego al parque, no apareció y a mi casa,
Cinco días pasé en ese plan,
Pero nunca apareció,
Con los días me olvidé de eso,
Ese fin de semana fui a la playa,
Me divertí y de nuevo a la rutina,
Empecé a salir más tarde del trabajo.
Empezando las clases me despedí de la playa,
Empecé con pie derecho,
Repasando todas las semanas,
Con miedo de repetir el error que me llevó a jalar el ciclo pasado,
Entre la chamba y la universidad me enfoqué,
Completamente concentrado en aprender,
Nunca me había dedicado ni lo había disfrutado tanto.
Unos meses después mi contrato terminó,
Dejé el trabajo y con más fuerza me dediqué al estudio,
Pero en mis tiempos muertos no hacía nada, solo "descanzar",
Me alejé de tanta gente que no sabía a quien llamar,
Me sentía solo,
Aburrido,
Sin piso.
Los días empezaban a repetirse,
Mis notas eran altas y me enorgullecían,
Y no entendía por que a veces me deprimía.
Entonces,
Un día saliendo de la universidad,
Me di cuenta de que ya no tenía una vida,
Ya casi terminaba el año de nuevo y no tenía ni un recuerdo divertido,
Cansado,
Con flojera de hacer cualquier cosa para la que no me sintiera en la necesidad de hacer,
Entonces llegué al parque,
El mismo parque que solía visitar,
Y en una banca,
Sentada,
Estaba esa señora,
Mirando al sueño,
En su cuerpo notaba tristeza.
Me acerqué a ella.
- Hola. ¿Se acuerda de mí?
- Hijito, como estas.
- Bien. ¿Usted?
- No tan bien hijito. ¿Sigues escribiendo?
Es cierto, lo había olvidado. ¿Cuándo había sido la última vez? No lo recuerdo.
- No, hace un tiempo que no.
- Sigue escribiendo hijito, escribías muy lindo.
- Es que no se... Verdad, me dijo que iba a mostrarme algunos poemas de su hijo.
- Es verdad hijito, justo aquí tengo uno que escribió antes de irse.
Tomé el papel y lo leí. La primera palabra, fuerte y concreta me atrapó, los versos fluían con musicalidad, sin mucha palabrería, sin palabras rebuscadas me hizo sentir muchas cosas. Era real, era directo, era inspirador. Me hizo inspirar hasta que mis pulmones se saturaron, luego exhalé.
Terminé de leer con una sensación extraña,
Con una sonrisa,
Con los ojos bien abiertos,
Hablaba del amor, de los humanos, de los animales, de Dios,
Me hizo recordar el inicio de mi verano pasado,
Como me sentía conmigo mismo,
Poderoso, inspirador, seguro,
Y como veía el mundo, completamente agradecido.
Volteé a ver a la anciana sonriendo.
- Gracias, me encantó, me gustaría conocer a su hijo,
- Hay hijito, él esta muerto.
Algo en mi estómago se revolvió.
- Lo-lo siento mucho.
- No te preocupes hijito, dijo ella limpiándose las lágrimas. Murió por un accidente de auto. Ese día que nos conocimos, ahí nomas se murió. Regresé a mi casa, él aún no llegaba, lo llamé a eso de las 12 y no me contestaba. A las horitas me llaman y me dicen que estaba en el hospital, había estado manejando y se le cruzó un carro y lo chocó. La señora lloraba, se apoyaba en mi hombro y lloraba. Ni siquiera estaba borracho, solo manejaba.
Entonces, todos los problemas que sentía que tenía, desaparecieron en ese momento, mientras veía a la señora llorar sobre mis hombros.
- Lo siento, no-no tenía idea. Se me formaba un nudo en la garganta y me salían lágrimas.
Abracé a la señora y nos quedamos así por unos minutos.
- Hay hijito, Dios quiera que no te pase eso.
Desde entonces, esa señora y yo somos amigos, conversamos, me cuenta sus historias, sus sentimientos, le leo mis poemas, le cuento sobre mí.
A veces no tenemos mucho de que hablar,
Pero siempre es bonito verla,
Me presentó a sus demás hijos y me volví amigo de ellos,
Se han vuelto casi una segunda familia.
Al final no me costó mucho recuperar a mis amigos,
Algunos solo esperaban con los brazos abiertos,
Conseguir otro trabajo, mi inspiración,
todo dependía solo de mí,
Seguí aprendiendo y disfrutando,
Pero lo que esa señora perdió no se puede recuperar,
Solo le queda seguir y aceptar.
Esa es la realidad,
Y yo viví un sueño por mucho tiempo,
En mi burbuja,
Una vida tan limpia,
Pensando que experiencias como esa solo le podían ocurrir a otros,
Personas ajenas a mí y mi rol ahí era no entrometerme,
Porque ahí soy un cero a la izquierda,
Ahora se que no es así,
Que mi apoyo cuenta,
Y que puede hacer la diferencia.
Ahora estoy sentado en el parque,
Conversando con Isabel,
Así se llama la señora,
Ella bromea, sonríe, acaricia a los perros.
- Oye hijito, dijo de pronto.
- La miré sonriendo.
- Muchas gracias, estos últimos tres años me has apoyado mucho, me has acompañado, Dios tiene un sitio separado para ti en el cielo,
Así como yo tengo un sitio para ti en mi corazón.
Me abrazó y yo empecé a llorar,
Agradeciendo esta oportunidad,
Quien pensaría que las cosas irían así,
No se si exista el destino, yo no creo en él,
Pienso que cada quien lo forma como quiere,
Pero ese encuentro cuatro años atrás no fue coincidencia,
Definitivamente no lo fue.