Miguel Font
Poeta que considera el portal su segunda casa
Aún resuenan en mis oídos las palabras del médico:
-No es aconsejable viajar ahora, es necesario comenzar el tratamiento de inmediato-
Mi esposa es española y prácticamente hoy, toda su familia vive en España, repartida entre las ciudades de Vigo y Zaragoza.
Sus padres, emigrados a América, han fallecido hace ya varios años, por lo que le fueron quedando algunos tíos, primos, sobrinos y sobrinos nietos.
Los que estaban radicados en Uruguay, en su inmensa mayoría y poco a poco, fueron dejando nuestro país y marcharon a España en busca de un mejor futuro. Por tal motivo, no tenía contacto personal con ellos desde hacía muchísimos años y en mi caso a algunos, ni siquiera conocía personalmente.
El 2017 era el año señalado en que nos habíamos propuesto cruzar el Atlántico para reencontrarnos con ellos, un sueño largamente acariciado.
Pero la vida tiene sus propios tiempos y sus caminos son inescrutables.
El diagnóstico era devastador: Linfoma Folicular Grado 3 con compromiso de médula.
Me esperaba una larga noche de seis meses y un tsunami de drogas fluyendo por mi sangre.
El 1° de Agosto de 2018, una cálida mañana, cuando el vuelo de conexión Madrid-Vigo 0530 de Iberia tocaba tierra en el pequeño aeropuerto de Peinador, pude percibir lágrimas en los ojos de mi esposa. Estoy seguro que estaba sintiendo en su alma el postergado, necesario, intangible pero intenso abrazo de su tierra y sus ancestros.
-No es aconsejable viajar ahora, es necesario comenzar el tratamiento de inmediato-
Mi esposa es española y prácticamente hoy, toda su familia vive en España, repartida entre las ciudades de Vigo y Zaragoza.
Sus padres, emigrados a América, han fallecido hace ya varios años, por lo que le fueron quedando algunos tíos, primos, sobrinos y sobrinos nietos.
Los que estaban radicados en Uruguay, en su inmensa mayoría y poco a poco, fueron dejando nuestro país y marcharon a España en busca de un mejor futuro. Por tal motivo, no tenía contacto personal con ellos desde hacía muchísimos años y en mi caso a algunos, ni siquiera conocía personalmente.
El 2017 era el año señalado en que nos habíamos propuesto cruzar el Atlántico para reencontrarnos con ellos, un sueño largamente acariciado.
Pero la vida tiene sus propios tiempos y sus caminos son inescrutables.
El diagnóstico era devastador: Linfoma Folicular Grado 3 con compromiso de médula.
Me esperaba una larga noche de seis meses y un tsunami de drogas fluyendo por mi sangre.
El 1° de Agosto de 2018, una cálida mañana, cuando el vuelo de conexión Madrid-Vigo 0530 de Iberia tocaba tierra en el pequeño aeropuerto de Peinador, pude percibir lágrimas en los ojos de mi esposa. Estoy seguro que estaba sintiendo en su alma el postergado, necesario, intangible pero intenso abrazo de su tierra y sus ancestros.