fresh waves
Poeta recién llegado
Tu puño:
el amanecer sobrio sobre mi rostro.
Tus ojos cerrados,
los míos — abiertos como mi propia lápida —
mirándote.
Eres la bestia que temí,
la que acuné en silencio,
la que alimenté
a sabiendas
de su hambre,
eres humana,
después de todo.
Tu piel ardía,
como brasas.
La mía,
sal y abismo.
Mar helado.
Cuando juré ser fuerte por ti
sabía.
Sabía lo que vendría.
Mis garras.
Tus gritos.
Las ruinas.
Pero nunca imaginé el eco
de verte destruirme
sin parpadear.
Me rindo.
No por cobardía,
sino porque he descendido tanto
que ya no existe fondo.
Y tú,
ni forma.
Frustración.
Obsesión.
¿Quién los hizo amantes?
¿Qué dios enfermo
cruzó sus venas?
No entiendo esa locura
que nos arrastró
como peste.
No queda huella.
No queda cuerpo.
Solo la sombra confundida
de lo que fuimos.
Y la misma pasión
que un día me quemó los labios
ahora me apunta al cuello
y exige
que queme
el último rincón
donde aún te guardaba.
No por amor.
No por nostalgia.
Solo por si acaso
te atrevías a volver.
el amanecer sobrio sobre mi rostro.
Tus ojos cerrados,
los míos — abiertos como mi propia lápida —
mirándote.
Eres la bestia que temí,
la que acuné en silencio,
la que alimenté
a sabiendas
de su hambre,
eres humana,
después de todo.
Tu piel ardía,
como brasas.
La mía,
sal y abismo.
Mar helado.
Cuando juré ser fuerte por ti
sabía.
Sabía lo que vendría.
Mis garras.
Tus gritos.
Las ruinas.
Pero nunca imaginé el eco
de verte destruirme
sin parpadear.
Me rindo.
No por cobardía,
sino porque he descendido tanto
que ya no existe fondo.
Y tú,
ni forma.
Frustración.
Obsesión.
¿Quién los hizo amantes?
¿Qué dios enfermo
cruzó sus venas?
No entiendo esa locura
que nos arrastró
como peste.
No queda huella.
No queda cuerpo.
Solo la sombra confundida
de lo que fuimos.
Y la misma pasión
que un día me quemó los labios
ahora me apunta al cuello
y exige
que queme
el último rincón
donde aún te guardaba.
No por amor.
No por nostalgia.
Solo por si acaso
te atrevías a volver.
Última edición: