Beache
Bertoldo Herrera Gitterman
Cuando el alma se haya ido de mi cuerpo fláccido
y observe desde arriba con silencio y tolerancia
tu caminar tenue sobre las alfombras mustias
la cordillera, el mar, el copihue y la distancia.
Cuando veas en mis ojos la chispa ya apagada,
y ya no susurre el viento y la luna esté callada,
y el hogar se haya llenado del aroma de mi ausencia,
y el sonar de mi presencia sea historia ya contada.
Cuando mueran las bellezas que mi mano cultivaba
y el jardín se haya secado y no haya rosas encendidas
ni petunias, ni azucenas, ni claveles, ni magnolias
y las gotas del rocío ya no titilen suspendidas.
Cuando dancen las estrellas con fulgores apagados,
cuando el sol recién despunte al llegar de un nuevo día,
cuando bulla ya la vida con trinares y gorjeos
y la aurora pinte el cielo con su dulce magia fría.
Y en los días siempre grises de las lluvias silenciosas,
o de huracánidos combates de las gotas y cristales,
cuando la noche llegue con su eterno manto negro,
vendrá mi alma a cobijarte en envolventes espirales.
Mi espíritu rondará por tu melancolía evocadora,
donde el eco del pasado se transforma en un presente,
susurrando los recuerdos que en el viento se sostienen,
cual las aguas de un arroyo que se acerca vehemente.
Quiero ser esa fogata que te libre del invierno frío
Ser la barca que te lleva por el mar más tormentoso
Ser la miel que te sustancia el pan que rompe ayuno
Esa rama que florece sobre el árbol más frondoso.
Te abrazaré en la bruma cuando te llega desde un sueño.
quiero ser tu guía, un faro que te alumbra desde lo alto.
un punto que destaca en el final del lejano horizonte
un camino en tu vida donde ir sin miedo ni quebranto
Ben Hergue
y observe desde arriba con silencio y tolerancia
tu caminar tenue sobre las alfombras mustias
la cordillera, el mar, el copihue y la distancia.
Cuando veas en mis ojos la chispa ya apagada,
y ya no susurre el viento y la luna esté callada,
y el hogar se haya llenado del aroma de mi ausencia,
y el sonar de mi presencia sea historia ya contada.
Cuando mueran las bellezas que mi mano cultivaba
y el jardín se haya secado y no haya rosas encendidas
ni petunias, ni azucenas, ni claveles, ni magnolias
y las gotas del rocío ya no titilen suspendidas.
Cuando dancen las estrellas con fulgores apagados,
cuando el sol recién despunte al llegar de un nuevo día,
cuando bulla ya la vida con trinares y gorjeos
y la aurora pinte el cielo con su dulce magia fría.
Y en los días siempre grises de las lluvias silenciosas,
o de huracánidos combates de las gotas y cristales,
cuando la noche llegue con su eterno manto negro,
vendrá mi alma a cobijarte en envolventes espirales.
Mi espíritu rondará por tu melancolía evocadora,
donde el eco del pasado se transforma en un presente,
susurrando los recuerdos que en el viento se sostienen,
cual las aguas de un arroyo que se acerca vehemente.
Quiero ser esa fogata que te libre del invierno frío
Ser la barca que te lleva por el mar más tormentoso
Ser la miel que te sustancia el pan que rompe ayuno
Esa rama que florece sobre el árbol más frondoso.
Te abrazaré en la bruma cuando te llega desde un sueño.
quiero ser tu guía, un faro que te alumbra desde lo alto.
un punto que destaca en el final del lejano horizonte
un camino en tu vida donde ir sin miedo ni quebranto
Ben Hergue