seso
Poeta asiduo al portal
Después de las cortinas negras replegadas
no hablaste de la ventana abierta,
ni de las telarañas que flameaban en ella
y brillaban por el sol que te miraba
fijamente a los ojos.
Te acercaste tanto
que olvidaste los demás colores,
tanto fue el silencio que fue imposible
decirle al sueño que termine.
Y confusiones e ilusiones
se confrontaban en la atmósfera,
en las cortinas negras replegadas
que se deshilachaban en el viento
hasta evaporarse en cuervos
que huían de tus blancas manos.
Y se rompieron en llanto
los cristales de las ventanas negras evaporadas
y después de las cortinas negras,
de la ventana destrozada,
después de las telarañas que hacían imposibles
por salvar migas multiformes de los cristales,
después del sol enjaulado ya en tus ojos,
de las confusiones e ilusiones danzando en tu boca
En la atmósfera:
el silencio silente bailaba,
volaba,
bailaba
no hablaste de la ventana abierta,
ni de las telarañas que flameaban en ella
y brillaban por el sol que te miraba
fijamente a los ojos.
Te acercaste tanto
que olvidaste los demás colores,
tanto fue el silencio que fue imposible
decirle al sueño que termine.
Y confusiones e ilusiones
se confrontaban en la atmósfera,
en las cortinas negras replegadas
que se deshilachaban en el viento
hasta evaporarse en cuervos
que huían de tus blancas manos.
Y se rompieron en llanto
los cristales de las ventanas negras evaporadas
y después de las cortinas negras,
de la ventana destrozada,
después de las telarañas que hacían imposibles
por salvar migas multiformes de los cristales,
después del sol enjaulado ya en tus ojos,
de las confusiones e ilusiones danzando en tu boca
En la atmósfera:
el silencio silente bailaba,
volaba,
bailaba