Steppenwolf
Poeta recién llegado
Desplazarse,
ante todo
hay que desplazarse,
moverse
continuamente
aunque no sepamos dónde vamos.
En automóvil
cruzando el desierto
de lo que fue el territorio,
en tren
-de alta velocidad, por supuesto-
o en avión sobre los océanos
reales o imaginarios.
Transitar
del área residencial
al centro monumental,
del lugar de trabajo
al centro de ocio,
veinticuatro horas
al día
corriendo
sobre la ruinas urbanas.
Viajar
de una ciudad
que nos es ajena
a otra tan indiferente
como cualquiera.
Siempre desplazarse,
motorizados obligatoriamente
en pos de un nomadismo sedentario
que nos lleva de un sitio a otro
para acabar siempre
en el mismo punto
de asusencia.
No hay tiempo
para matices, colores, olores,
gentes, paisajes,
experiencias, emociones
sólo monumentos al hastío
entre la soledad de la multitud
sin rostro.
No hay tiempo
para disfrutar de la vida,
sólo vías rápidas
por las que arrastrar
una existencia forjada en el vacío
de esta sociedad de consumo
que nos va consumiendo
la existencia.
ante todo
hay que desplazarse,
moverse
continuamente
aunque no sepamos dónde vamos.
En automóvil
cruzando el desierto
de lo que fue el territorio,
en tren
-de alta velocidad, por supuesto-
o en avión sobre los océanos
reales o imaginarios.
Transitar
del área residencial
al centro monumental,
del lugar de trabajo
al centro de ocio,
veinticuatro horas
al día
corriendo
sobre la ruinas urbanas.
Viajar
de una ciudad
que nos es ajena
a otra tan indiferente
como cualquiera.
Siempre desplazarse,
motorizados obligatoriamente
en pos de un nomadismo sedentario
que nos lleva de un sitio a otro
para acabar siempre
en el mismo punto
de asusencia.
No hay tiempo
para matices, colores, olores,
gentes, paisajes,
experiencias, emociones
sólo monumentos al hastío
entre la soledad de la multitud
sin rostro.
No hay tiempo
para disfrutar de la vida,
sólo vías rápidas
por las que arrastrar
una existencia forjada en el vacío
de esta sociedad de consumo
que nos va consumiendo
la existencia.