Jairo Castillo Romerin
Poeta adicto al portal
DESIERTOS
Desiertos que pacifican mis intentos.
Aún puedo ser la temeridad o su proeza.
Mil soles escancian la retribución de mis deudos.
Transito entre caravanas y tiendas
como tenderetes de un sosiego que nunca llega.
Con devoción y bajo plenilunios
siempre cabalgo hacia la aurora.
Bajo los ocasos
me parezco a la presunción
cruzando acantilados.
No temo las caídas en las canículas de arenas movedizas
donde el ayer degustaba dátiles y vinos sonrosados.
Marcho allá donde el horizonte dicta
el último oasis a mi corazón festivo,
el primer espejismo de mi luna cristalina.
Desiertos que pacifican mis intentos.
Aún puedo ser la temeridad o su proeza.
Mil soles escancian la retribución de mis deudos.
Transito entre caravanas y tiendas
como tenderetes de un sosiego que nunca llega.
Con devoción y bajo plenilunios
siempre cabalgo hacia la aurora.
Bajo los ocasos
me parezco a la presunción
cruzando acantilados.
No temo las caídas en las canículas de arenas movedizas
donde el ayer degustaba dátiles y vinos sonrosados.
Marcho allá donde el horizonte dicta
el último oasis a mi corazón festivo,
el primer espejismo de mi luna cristalina.
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