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Deshojando la cebolla

Piedad Acosta Ruiz

Poeta recién llegado
Después que descubrí
que lo real lo borró
el invento de la cultura.

Que fue y seguirá siendo
de lo más ancestral,
primigenio, natural
y autóctono,
su sepultura.

He descubierto
sin desconcierto,
que esta pieza histórica,
este híbrido,
este dinosaurio,
es el diamante
que a nuestros deseos,
sueños, placeres
y existencia,
como Leviatán hobbesiano,
les tritura.

Deshojando la cebolla

Después que he deshojado
la cebolla, no me quedó
sino su pequeño corazón.
¡Una lágrima que ya cayó!


Después de esconderme
tras las argucias del mago,
descubrí las artimañas
de sus engaños.
¡ La magia se apagó!


Después de esperar un traído
de niño Dios escondido,
descubrí al hombre
oculto tras el regalo pedido.
El oro de mi inocencia se hizo cobre.


Después de deshojar la margarita,
descubrí que me tarde tanto,
que era una rosa a la que sus pétalos
deshojabas, porque ya no me amabas.


Después de leer el mundo
con los ojos del abecedario,
de las letras o las manos,
después de esperar
del Santo el milagro,
la promesa del político,
la obra perfecta para el pintor,
poeta, músico, escritor o escultor,
el tesoro escondido.
Me cansé y opté por cambiar de guión.


Después de esperar el príncipe
o princesita azul,
la gallina de los huevos de oro,
el hogar perfecto, la casa perfecta,
la meta o ideal perfectos,
el hombre o mujer perfectos,
o con las virtudes evangélicas de Pablo,
mi máquina de escribir se extravió
y al buscarla, apareció el computador.


Después de esperar
El proyectil que no hiera ni maté,
la utopía del filosofo hecha realidad,
la justicia, la libertad, la equidad,
la igualdad de los pueblos y hermanos,
empecé a desesperar y a luchar.


Después de esperar
que un solo hombre o mujer
virtuoso@ y sabio@ muriera
con riqueza material y espiritual,
festejando y compartiendo en vida, con buen vino.
Me tuve que devolver a la lámpara de Aladino.

Esperando descubrí… porque los griegos
clásicos vieron caer su imperio,
cuando dejaron de soñar con la virtud,
cuando dejaron de jugarle la tragedia al destino.


Descubrí porque fue cierto
lo de la serpiente
y la manzana.


Porque Sócrates
bebió la cicuta,
Séneca se cortó
las venas,
Nerón incendió
a Roma a última hora.


En estos momentos
ya entiendo,
porque cayeron
en primavera
el muro de Berlín,
y las Torres Gemelas.

Descubr텅
el precio del saber.
Porque internet es nuestra Torre de Babel,
que intempestivamente puede caer.


Descubrí ….
porque la esperanza
en ningún momento
debes perder.


Porque ella
es lo único real,
para sostenerte,
para columpiarte,
mientras vivas,
en un mundo lleno,
repleto, abundante
del sol de la edad.


Las espinas de soledad,
humana fragilidad.
¡Su artificiosa materialidad!
 
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