Espera ansiosa y pausada a la vez,
han pasado largos minutos y no llega el encuentro,
¿cuál será el signo que anuncia el anhelado momento?
Reflexiono y dudo también,
la duda ya tuvo su tiempo,
pero es siempre recurrente
es humana.
De pronto
todo se precipita como una catarata,
caminamos,
nos movemos,
recibo consejos,
me descuadro,
la luz se acaba
pero me siento seguro aunque esté indefenso
y aunque continúe así durante no sé qué tiempo.
Nos seguimos movilizando sin moverme,
es que estoy subsumido,
recogido en un rincón,
desorientado,
más en el espacio que en mis ideas.
Sin embargo
creo o quiero intuir donde estoy.
¡Maldita costumbre la de no dejarme llevar con el espíritu libre!
¡Maldita costumbre la de necesitar anclaje para pensar!
Llegamos al fin
pero pienso que en realidad nunca este viaje terminará,
se trata solo de una pausa,
sonidos espasmódicos retumban y me atraviesan,
siento amenazas,
pero no temo.
Otra vez puedo ver tenuemente,
pero antes de contactar la realidad con mis pupilas,
lo he hecho con mi olfato que huele a moho
y con mi cuerpo que toca ráfagas de frío.
Me espeluznan algunas frases
porque no he sido ajeno a la hipocresía ni a la vanidad
y ¿quién podrá decir que lo ha sido?
Quizás por ello,
me invade más la fuerza de las palabras
que los símbolos óseos de la muerte,
más que la austeridad que viste mi cuerpo y me rodea.
Enceguezco nuevamente
y al tocar las puertas
aún antes de que la luz retorne definitivamente,
despierto con voces imponentes y espadas en el pecho,
en una fusión de tiempos y culturas...
¡Varios siglos y varios pueblos se han reunido en un momento!
Saboreo lo dulce y lo amargo de esta dramática fusión.
Las voces y las aseveraciones añejas y frescas
de un venerable anciano en el camino,
me hacen pensar que no soy más yo,
que se trata de otro ser y de otro mundo,
que los caminos recorridos,
desde el más áspero hasta el más placentero y musical,
son caminos colectivos que buscan y aún no encuentran
la plenitud,
que solo puede ser tal si es universal y,
en cuya búsqueda,
uno ya no es más ser solitario.
La sensación de que estoy en un mundo extraño se me derrumba
cuando recupero todos los sentidos.
Soy de nuevo yo y estoy en mi chacra.
Soy somos humanos,
con pocas virtudes y muchos envilecimientos,
con la alegría del vivir y del morir,
con la alegría de la esperanza.
Más tarde, en la resaca,
pienso
al fin tengo eso que llaman fe.
O, al fin reconozco que siempre la he tenido
pero sigo dudando...
han pasado largos minutos y no llega el encuentro,
¿cuál será el signo que anuncia el anhelado momento?
Reflexiono y dudo también,
la duda ya tuvo su tiempo,
pero es siempre recurrente
es humana.
De pronto
todo se precipita como una catarata,
caminamos,
nos movemos,
recibo consejos,
me descuadro,
la luz se acaba
pero me siento seguro aunque esté indefenso
y aunque continúe así durante no sé qué tiempo.
Nos seguimos movilizando sin moverme,
es que estoy subsumido,
recogido en un rincón,
desorientado,
más en el espacio que en mis ideas.
Sin embargo
creo o quiero intuir donde estoy.
¡Maldita costumbre la de no dejarme llevar con el espíritu libre!
¡Maldita costumbre la de necesitar anclaje para pensar!
Llegamos al fin
pero pienso que en realidad nunca este viaje terminará,
se trata solo de una pausa,
sonidos espasmódicos retumban y me atraviesan,
siento amenazas,
pero no temo.
Otra vez puedo ver tenuemente,
pero antes de contactar la realidad con mis pupilas,
lo he hecho con mi olfato que huele a moho
y con mi cuerpo que toca ráfagas de frío.
Me espeluznan algunas frases
porque no he sido ajeno a la hipocresía ni a la vanidad
y ¿quién podrá decir que lo ha sido?
Quizás por ello,
me invade más la fuerza de las palabras
que los símbolos óseos de la muerte,
más que la austeridad que viste mi cuerpo y me rodea.
Enceguezco nuevamente
y al tocar las puertas
aún antes de que la luz retorne definitivamente,
despierto con voces imponentes y espadas en el pecho,
en una fusión de tiempos y culturas...
¡Varios siglos y varios pueblos se han reunido en un momento!
Saboreo lo dulce y lo amargo de esta dramática fusión.
Las voces y las aseveraciones añejas y frescas
de un venerable anciano en el camino,
me hacen pensar que no soy más yo,
que se trata de otro ser y de otro mundo,
que los caminos recorridos,
desde el más áspero hasta el más placentero y musical,
son caminos colectivos que buscan y aún no encuentran
la plenitud,
que solo puede ser tal si es universal y,
en cuya búsqueda,
uno ya no es más ser solitario.
La sensación de que estoy en un mundo extraño se me derrumba
cuando recupero todos los sentidos.
Soy de nuevo yo y estoy en mi chacra.
Soy somos humanos,
con pocas virtudes y muchos envilecimientos,
con la alegría del vivir y del morir,
con la alegría de la esperanza.
Más tarde, en la resaca,
pienso
al fin tengo eso que llaman fe.
O, al fin reconozco que siempre la he tenido
pero sigo dudando...