angel del olvido
Poeta asiduo al portal
Me carga terriblemente ya no tener ganas ni presupuesto para tomar un carro e irme a observar un amanecer puro, como lo hacia con Patricia, me carga, no lo evito, para que ocultarlo entre sombras, terriblemente la falta de Marcelo me asfixia y orilla contra una pared en peligro de derrumbe, el hijo de puta lo sabia, Marcelo sabia de todo esto, de lo que iba a pasar, pero el muy cabrón no me iba a revelar nada mas, quería la practica, el empirismo urbano, no evito ponerme desnudo, así sin pantalones ni trusa, me sigue cargando la débil intuición que tuve, ¡como no saberlo.
Adentro me dejo poseer por los recuerdos sin reserva alguna, sin mentiras, la fluidez me toca, me asina junto al mar, las piedras y las nubes de los ojos, todo se ha venido abajo, la no existencia de las ligas rosas ha creado un gran caos en los pasos grises, uno se avienta, se gravita , se atrae sin caer y sin embargo aun sigo aquí con Marcelo, observándolo de cerca, raspándole las heridas, preguntándole el por que de sus actos, de su vagancia, de su entierro a modo de desandarse del camino de corbatas y obligaciones diarias, procesiones de aquí para allá, comidas los fines, puentes festivos, llamadas familiares con ese signo de teléfono sudado, urdiendo los cabellos maternos y luego ese descifre siempre a destiempo de vivir lo pasado, la dura sensación de ser solo un sueño, una mierda de sueño liquido en proceso de retorno.
Seguimos haciéndonos los tontos, hemos dejado a Marcelo quejarse de “la puta policía azul” cambio visiones de la noche con él, de los fríos de ayer y ese ruidito a las tres de la mañana que pareció ser un concierto de gatos y duendes, “amor” menciona Marcelo, fue amor de gatos.
Adentro me dejo poseer por los recuerdos sin reserva alguna, sin mentiras, la fluidez me toca, me asina junto al mar, las piedras y las nubes de los ojos, todo se ha venido abajo, la no existencia de las ligas rosas ha creado un gran caos en los pasos grises, uno se avienta, se gravita , se atrae sin caer y sin embargo aun sigo aquí con Marcelo, observándolo de cerca, raspándole las heridas, preguntándole el por que de sus actos, de su vagancia, de su entierro a modo de desandarse del camino de corbatas y obligaciones diarias, procesiones de aquí para allá, comidas los fines, puentes festivos, llamadas familiares con ese signo de teléfono sudado, urdiendo los cabellos maternos y luego ese descifre siempre a destiempo de vivir lo pasado, la dura sensación de ser solo un sueño, una mierda de sueño liquido en proceso de retorno.
Seguimos haciéndonos los tontos, hemos dejado a Marcelo quejarse de “la puta policía azul” cambio visiones de la noche con él, de los fríos de ayer y ese ruidito a las tres de la mañana que pareció ser un concierto de gatos y duendes, “amor” menciona Marcelo, fue amor de gatos.
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