para el umbral de la muerte física hemos inventado los humanos muchas teorías, el tiempo hace mutaciones en esos pensamientos. Cuando vemos un cuerpo sin vida nos volvemos más persistentes: dónde esa voz, esa mirada sin brillo y agudeza, sin amor u odio. Es la muerte que vuela y dispone para el difunto una serie de circunstancias relacionadas con todos estos hitos antiguos que a través de los siglos poco han variado.
Hacemos al desncarnado un ser feliz, un ser condenado, un ser triste y nostálgico por los que deja. Y el muerto está ahí mientras lo imaginamos integrado a todas las fantasía humanas para la muerte: muerto como todos los muertos.
Es un pensamiento predominante creer que por fin se llega a la justicia, a la paz, al gozo negado en este mundo palpitante, desde donde miramos sin aceptar la condición material de los inanimado cadáveres que quedan de todos nosotros algún día. La idea sin embargo, a la luz de un somero análisis descubre sus tendencias humanoides, su "imperfección," pues las instituciones que las propenden se cuidan de algún modo para preservar el orden establecido por estas ideas para la vida. Hay en esa fantasía clases sociales o espirituales que a la postre vienen a ser lo mismo. Los 144 mil escogidos que juzgarán... los favoritos en la mesa de... los que serán llamados... los que clamarán eternamente. Esto en cuanto a una propuesta post mortem occidental. La falta de creatividad humana se manifiesta en los oficios a desempeñar en el más allá, del todo frustrantes e indignos cantar eternamente loas y adorar a...
Y el muerto sigue tendido en la plancha sin inmutarse mientras los vivos celebran sus rituales, el asunto es tan viejo como la vida misma. Los egipcios eran afortunados si contaban con un libro de los muertos personal, aunque el credo cayó en desuso prevalecen en los nuevos mitos huellas de aquéllos.
Las hipótesis sobre el tema están tan arraigadas entre las personas que cualquier cuestionamiento a ellas produce de inmediato reacciones de repudio y hasta odio para quien se atreve a poner en duda las cosas. No es el único mito que amamos, somos seres extraños que amamos los dogmas y los mitos. Tienen que ver quizá con lo inducido en las mentes de los niños a temprana edad, cuando todo se toma al pie de la letra si viene de los mayores. Un ejemplo de esos mitos son las princesas y los príncipes azules, los reyes buenos y las princesas amorosas. Dejamos de lado los personajes navideños por su degradación automática, que obedece ésta a la necesidad de que el antes niño asuma el papel del padre como manipulador de esa costumbre mítica. En la edad adulta muchas mujeres siguen buscando al Príncipe Azul y solo encuentran lo que hay, o a las princesas... Hay quien se queda con la fijación de que los Reyes son todos como los de los cuentos, luego los vemos retratados al lado de un elefante muerto para su diversión. Cuesta a muchos creer que los reyes de sus cuentos tengan, en el mundo real, las manos llenas de la sangre de sus opositores.
Una de las respuestas para tu tema es que los buenos irán a un paraíso donde estarán sujetos a un jurado de preferidos, sentados en un banquete en el cual hay unos que están muy cerca de la deidad y otros lejos, Como en el mundo real habrá perseguidos, torturados, discriminados y sujetos a prisión horrenda, la más horrenda que se les ocurre (a los hombres que inventaron la idea) por sus acciones e ideas.
Luego de todo esto, al mirar al muerto, a mí se me ocurre como lo mejor para él que esté así tal como está, desparpajado, insensible, inmutable, inalcanzable por la premura humana o divina de poner bajo su dominio para su particular provecho su futura existencia. Dejarlo ahí, liberado al fin de las voluntades ajenas y superiores. Que haya por fin un descanso verdadero de toda apuración por liberarse, congraciarse o ser de los escogidos...
Saludos, un placer leerte y aceptar tu invitación a reflexionar.