IgnotaIlusión
El Hacedor de Horizontes
Me encontraba
acechando a mi sentido común,
bajando de las escaleras del cielo,
con mas dudas que pocas certezas,
me encontraba abatido,
por lo incontrolable,
por el veneno del tiempo,
¿que destino logra liberarnos del reloj?
un designio humano,
así como un invento preciado,
preciso
para los que se sientan identificados,
paralelismo poético,
de un lenguaje imperfecto,
sigo descendiendo
y no encuentro posible reflejo,
ni consuelo
que no se quiebre entre insulsas promesas,
la avaricia del viento es evidente,
y aun se siente junto a esta lluvia,
la cordura ausente,
perduran sus fantasmas
en los umbrales del conformismo,
sollozan entre las rocas,
elásticos lamentos,
apesadumbrada locura,
que se retuerce y nunca se rompe,
intentaran las estrellas volar,
pero son solo ilusiones,
recuerdos de un pasado menos oscuro,
descendiendo,
no hay infierno que se sienta,
ni sus flamas,
ni aquella calma prometida,
tengo al futuro enfrente,
y a la muerte a mi lado,
admiro nuestro vacío,
nuestro presente muerto,
quisiéramos propio
lo que no quema al alma,
la inexistencia que se sueña,
anhelando la infantil ingenuidad,
somos fatigada madurez,
el orgullo del apaleado,
y caemos junto al viento
somos cuento,
oraciones secas,
letras inservibles,
y a pesar de ello sangramos de corazón,
de a cientos de llantos,
por una esperanza que se sabe irreal,
caemos,
y caerán,
de este árbol enfermo,
que se aprecia aun endeble,
aun marchito.
acechando a mi sentido común,
bajando de las escaleras del cielo,
con mas dudas que pocas certezas,
me encontraba abatido,
por lo incontrolable,
por el veneno del tiempo,
¿que destino logra liberarnos del reloj?
un designio humano,
así como un invento preciado,
preciso
para los que se sientan identificados,
paralelismo poético,
de un lenguaje imperfecto,
sigo descendiendo
y no encuentro posible reflejo,
ni consuelo
que no se quiebre entre insulsas promesas,
la avaricia del viento es evidente,
y aun se siente junto a esta lluvia,
la cordura ausente,
perduran sus fantasmas
en los umbrales del conformismo,
sollozan entre las rocas,
elásticos lamentos,
apesadumbrada locura,
que se retuerce y nunca se rompe,
intentaran las estrellas volar,
pero son solo ilusiones,
recuerdos de un pasado menos oscuro,
descendiendo,
no hay infierno que se sienta,
ni sus flamas,
ni aquella calma prometida,
tengo al futuro enfrente,
y a la muerte a mi lado,
admiro nuestro vacío,
nuestro presente muerto,
quisiéramos propio
lo que no quema al alma,
la inexistencia que se sueña,
anhelando la infantil ingenuidad,
somos fatigada madurez,
el orgullo del apaleado,
y caemos junto al viento
somos cuento,
oraciones secas,
letras inservibles,
y a pesar de ello sangramos de corazón,
de a cientos de llantos,
por una esperanza que se sabe irreal,
caemos,
y caerán,
de este árbol enfermo,
que se aprecia aun endeble,
aun marchito.