Ricardo Leon De las Salas
Poeta fiel al portal
En el cementerio
se respira la paz de los difuntos.
Hay en conjunto una reunión de tumbas,
mausoleos y nichos
que nos conducen por la -a veces-
intransitadas callejuelas de la memoria.
Aquí o allá
se guarda un recuerdo viejo,
desempolvado tan solo
cuando por cuestión de tiempo
se nos adelanta un ser querido
y tenemos que acompañarlo a su última morada.
Entonces nos acordamos que la muerte
también nos respira en el oído,
que no somos seres
ni eternos ni invencibles
por mucho que los mercaderes
del insomnio y la locura
nos quieran convencer de lo contrario.
La Paz,
esa eterna paz
que solo respiran los difuntos...
¿Será acaso la paz
que tanto anhelamos los vivos?
se respira la paz de los difuntos.
Hay en conjunto una reunión de tumbas,
mausoleos y nichos
que nos conducen por la -a veces-
intransitadas callejuelas de la memoria.
Aquí o allá
se guarda un recuerdo viejo,
desempolvado tan solo
cuando por cuestión de tiempo
se nos adelanta un ser querido
y tenemos que acompañarlo a su última morada.
Entonces nos acordamos que la muerte
también nos respira en el oído,
que no somos seres
ni eternos ni invencibles
por mucho que los mercaderes
del insomnio y la locura
nos quieran convencer de lo contrario.
La Paz,
esa eterna paz
que solo respiran los difuntos...
¿Será acaso la paz
que tanto anhelamos los vivos?
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