Crivas92
Poeta recién llegado
Veo a una chica sentada frente a mi,
almas danzan a su alrededor.
De pronto ella camina hacia mí, arrastrando la cola de su vestido por el piso de piedra,
las almas le abren espacio entre acrobacia y acrobacia.
De pronto ella toma mi mano y me lleva con ella,
pone mi mano en su cintura y sostiene la otra con la suya,
me mira de reojo con una sonrisa divertida, como si me estuviera enseñando a bailar, como si yo no supiera como hacerlo.
Mientras bailamos miro al techo del lugar, querubines revolotean debajo del domo pintado de cielo, repleto de luces.
La miro a los ojos y le pregunto: ¿Por que yo?
Porque eres el único, responde.
Entonces miro a mi alrededor y no hay nadie, solo esqueletos de guerreros con escudo y espada tirados en el piso.
Siento una especie de golpe en el pecho,
y me arrodillo a los pies de la chica.
"Vamos" me dice ella, acompáñame,
y me estira su brazo con una sonrisa en los labios,
su mejilla derecha pegada al hombro,
la palma de su mano abierta.
Una luz azul la ilumina, su vestido blanco brilla.
Yo no me muevo.
Finalmente se resigna,
da tres pasos hacia atrás mirando el suelo,
luego se va, los querubines se asoman por el techo y la guían.
Yo me quedo arrodillado,
mirando al suelo,
arrepentido de haber ido a verla.
De pronto me levanto, ya no estaban los esqueletos, los querubines ni el domo, solo yo y una lápida en el piso.
Dejé en el piso el arreglo de flores que sostenía con ambas manos,
mientras que decía "no puedo dejarme morir en vida, necesito vivir, no se si pedir perdón, una parte de mí cree que tu también quieres eso para mí".
Entonces me paro y camino en dirección contraria, las hojas caen,
era otoño, como aquel día en el que te fuiste.
Nunca más te volveré a ver, pero siempre te llevaré aquí dentro.
almas danzan a su alrededor.
De pronto ella camina hacia mí, arrastrando la cola de su vestido por el piso de piedra,
las almas le abren espacio entre acrobacia y acrobacia.
De pronto ella toma mi mano y me lleva con ella,
pone mi mano en su cintura y sostiene la otra con la suya,
me mira de reojo con una sonrisa divertida, como si me estuviera enseñando a bailar, como si yo no supiera como hacerlo.
Mientras bailamos miro al techo del lugar, querubines revolotean debajo del domo pintado de cielo, repleto de luces.
La miro a los ojos y le pregunto: ¿Por que yo?
Porque eres el único, responde.
Entonces miro a mi alrededor y no hay nadie, solo esqueletos de guerreros con escudo y espada tirados en el piso.
Siento una especie de golpe en el pecho,
y me arrodillo a los pies de la chica.
"Vamos" me dice ella, acompáñame,
y me estira su brazo con una sonrisa en los labios,
su mejilla derecha pegada al hombro,
la palma de su mano abierta.
Una luz azul la ilumina, su vestido blanco brilla.
Yo no me muevo.
Finalmente se resigna,
da tres pasos hacia atrás mirando el suelo,
luego se va, los querubines se asoman por el techo y la guían.
Yo me quedo arrodillado,
mirando al suelo,
arrepentido de haber ido a verla.
De pronto me levanto, ya no estaban los esqueletos, los querubines ni el domo, solo yo y una lápida en el piso.
Dejé en el piso el arreglo de flores que sostenía con ambas manos,
mientras que decía "no puedo dejarme morir en vida, necesito vivir, no se si pedir perdón, una parte de mí cree que tu también quieres eso para mí".
Entonces me paro y camino en dirección contraria, las hojas caen,
era otoño, como aquel día en el que te fuiste.
Nunca más te volveré a ver, pero siempre te llevaré aquí dentro.