Isabel Miranda de Robles
Poeta que considera el portal su segunda casa
DESAMOR
Arma ninguna existe más poderosa y destructiva que el desamor. Aniquila de una forma total, de frente, honesta y sin rodeos. Eso es precisamente lo que duele, la sinceridad con olor a lastima, esa mirada que alguna vez fue de amor y que de pronto se convierte en compasión. Pocas cosas debilitan tanto como el desamor. Nos convierte en seres disfuncionales, nos aparta de la realidad, de la dignidad, nos confunde. Nos miente con todo descaro que debemos luchar por ese amor, pero no hay ruego ni suplica que valga para convencer a un corazón que ya esta volteando para otro lado. Morir de amor es la muerte más lenta y penosa de todas, no hay ungüentos para el alma ni recetas ni medicinas para el dolor que produce vernos desoídos, desatendidos, olvidados, relegados por quien aun con pasión amamos.
El desamor es llanto que no llamamos, es oscuridad en plena luz del día, es pedregoso camino, es río desbordado, es lluvia de recuerdos amados que se convierten en espinas. Cada canción de dolor pareciera que fuera escrita para nosotros, ahí agrandamos una imagen a insospechada dimensión, mientras el ser por quien lloramos feliz va por la vida estrenando amor. No es justo, no y no. Que el amor se acaba eso no tiene discusión; ¿pero por que no en los dos al mismo tiempo?
El desamor es un atentado al corazón, no podemos hacer nada para evitarlo. Como tampoco pudimos hacer nada para evitar que llegara el amor. Que difícil es sobrevivir a la descarga de recuerdos bellos que sobrevienen después, a la pena de tenernos que deshacer de todo lo que significo un momento divino vivido entre los dos. Destruir fotos, tirar flores secas, volver a leer aquellas frases, poemas o tarjetas que alguna vez fueron escritas con el corazón y recibidas con el mismo para terminar siendo solo papel y tinta. Imágenes de dos que se confundían en una misma risa, que ahora tienen de la felicidad cada uno una definición distinta.
Penosos encuentros en donde tocara fingir que nada significan y terminar llorando a la vuelta de la esquina.
De nada valdrá decir: dame otra oportunidad. Mejor no preguntes ¿Qué hice mal, en que falle? Si es que hay un amor nuevo en su vida, nuestro amor usado de nada le servirá.
Que cruel es el desamor, pobres los que somos sus victimas, es una lenta agonía, de la que habremos de sobrevivir, sin duda; pero como cuesta. Amor, dulce asesino. Todo transformas cuando llegas y todo destruyes cuando te alejas.
MARIA ISABEL MIRANDA DE ROBLES
Baldwin Park, Ca.,
isabelmrobles@gmail.com