Deprisa, deprisa;
la gente corre, nerviosa,
sin detenerse a pensar
porqué tal apremio,
tanta ansiedad por moverse
si el camino se recorre igual,
si la vida tiene sus tiempos
y no se pueden alterar.
Crees que el tiempo se escapa
y lo quieres agarrar;
si a mayor velocidad te desplazas
más lo podrás disfrutar.
Pero es como el aire,
que aunque tu puño lo apriete,
se aleja sin un sonido
que su pérdida delate,
y un día al abrir tu palma,
¡Zas!, se ha consumido,
y del colectivo, no formas parte.
Se mira hacia delante,
buscando la vereda correcta
que evite las sombras que acechan,
el atajo que a salvo te lleve,
que solvente la inquietud
de si tocarás cielo o abrirás
las mismas puertas del infierno.
la gente corre, nerviosa,
sin detenerse a pensar
porqué tal apremio,
tanta ansiedad por moverse
si el camino se recorre igual,
si la vida tiene sus tiempos
y no se pueden alterar.
Crees que el tiempo se escapa
y lo quieres agarrar;
si a mayor velocidad te desplazas
más lo podrás disfrutar.
Pero es como el aire,
que aunque tu puño lo apriete,
se aleja sin un sonido
que su pérdida delate,
y un día al abrir tu palma,
¡Zas!, se ha consumido,
y del colectivo, no formas parte.
Se mira hacia delante,
buscando la vereda correcta
que evite las sombras que acechan,
el atajo que a salvo te lleve,
que solvente la inquietud
de si tocarás cielo o abrirás
las mismas puertas del infierno.