Martín Renán
Poeta adicto al portal
Dentro de poco,
un hombre, y pobre
tiene los días contados;
en la mesa
que para comer miente y reza.
En vigilia.
Un perro ladra
abandona la noche;
en la misma dirección cae desahuciado
un hombre, y pobre,
pero abraza una nube y no sabe llorar.
En la muerte hay una quietud misteriosa
pero el mártir renace en el salmo
de todas las noches.
Nadie vio a nadie por ningún lado.
Y acá, un hombre, y pobre da su última exhalación.
Dios llora porque sabe llorar.
un hombre, y pobre
tiene los días contados;
en la mesa
que para comer miente y reza.
En vigilia.
Un perro ladra
abandona la noche;
en la misma dirección cae desahuciado
un hombre, y pobre,
pero abraza una nube y no sabe llorar.
En la muerte hay una quietud misteriosa
pero el mártir renace en el salmo
de todas las noches.
Nadie vio a nadie por ningún lado.
Y acá, un hombre, y pobre da su última exhalación.
Dios llora porque sabe llorar.