Negaraliss9.
Poeta recién llegado
Gárgolas corrompidas por el odio impune nos observan,
vestigios de una solemnidad perenne vigilando su reino,
petrificando las ambiciones de ineptos soñadores sin velo.
Cielos glaciares morados y contorneantes luceros parlantes,
ánimas danzando en los prados de condena terrenal y sumisión,
para adornar el sempiterno vacío que secunda al niño dios.
Luminiscencia mortal y “necrodemencia” avernal,
el demiurgo invoca vuestras mentes a vituperar.
Gloriosos son los sollozos de los espectros sin final,
que con hórridos cánticos engullen lo marginal.
Todas las ambiciones para la paz alcanzar comen de su lecho,
atrio de inexistencias y esperanzas contenidas en hueco trecho,
círculo vicioso del alma que eternamente busca el paraíso astral.
La sangre corre por las venas, el corazón nos desenfrena con pena,
la muerte vestida de manto viviente nos otorga libertad sin vena, no
corre sangre tibia por tu yaciente cerebro de coloración banal.
Sin la podredumbre, la claridad no brinda contraste, ni
diferencias angelicales que adorar y en muerte reclamar.
Dioses que idolatrar y por los cuáles siempre en fe perecer,
completando la obra teatral de nuestro demiurgo terrenal.
vestigios de una solemnidad perenne vigilando su reino,
petrificando las ambiciones de ineptos soñadores sin velo.
Cielos glaciares morados y contorneantes luceros parlantes,
ánimas danzando en los prados de condena terrenal y sumisión,
para adornar el sempiterno vacío que secunda al niño dios.
Luminiscencia mortal y “necrodemencia” avernal,
el demiurgo invoca vuestras mentes a vituperar.
Gloriosos son los sollozos de los espectros sin final,
que con hórridos cánticos engullen lo marginal.
Todas las ambiciones para la paz alcanzar comen de su lecho,
atrio de inexistencias y esperanzas contenidas en hueco trecho,
círculo vicioso del alma que eternamente busca el paraíso astral.
La sangre corre por las venas, el corazón nos desenfrena con pena,
la muerte vestida de manto viviente nos otorga libertad sin vena, no
corre sangre tibia por tu yaciente cerebro de coloración banal.
Sin la podredumbre, la claridad no brinda contraste, ni
diferencias angelicales que adorar y en muerte reclamar.
Dioses que idolatrar y por los cuáles siempre en fe perecer,
completando la obra teatral de nuestro demiurgo terrenal.
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