BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Todo lo que arraiga
araña mi tierra y compadece
mi estigma matemático
cruzando el riachuelo de los vértigos
de las denuncias sociales
de los secretos altivos y compartidos
a deshora de los insectos ebrios y conformados.
Mil flotadores de desidia
las flores que brotan como etruscas láminas
de vasos concomitantes
en las largas ausencias que demuestran
las pesadillas y las lágrimas.
Nunca te importó, bien; ahora
bogas a la deriva y el cieno
nace espontáneo de ti, una aurora
marchitada produce hielo
y los bigotes del ciempiés, acunan
tu palabra mirada de chimpancé.
Hay gente que mira el mar
y otras que lo llevan dentro
cual catalejo de extensas horas nocturnas
o invento de una rama que descuelga.
Catenarias del amor en desuso
cuánto echo de menos el camino inverso
la acometida brutal, los labios artificiales
y la inmensidad de los cielos ocultos.
No hay ánade ni ganso que me persiga
yo no los persigo ya, hay tantos que mirar,
en sus cuerpos
la luna habita antes de alardear en penumbra.
Brota de mí la parcela intacta el corazón incipiente
la muerte asolada de precios y precisos golpeteos
rítmicos en su desfase, luna de lunares, falos grotescos
que a nadie afectan.
O a todos resultan indiferentes, un martes cualquiera,
como ebrios compartimos el vino, al otro lunes
estábamos enojados y medíamos la vida
con un vaso lleno de sabor de hígado.
©
araña mi tierra y compadece
mi estigma matemático
cruzando el riachuelo de los vértigos
de las denuncias sociales
de los secretos altivos y compartidos
a deshora de los insectos ebrios y conformados.
Mil flotadores de desidia
las flores que brotan como etruscas láminas
de vasos concomitantes
en las largas ausencias que demuestran
las pesadillas y las lágrimas.
Nunca te importó, bien; ahora
bogas a la deriva y el cieno
nace espontáneo de ti, una aurora
marchitada produce hielo
y los bigotes del ciempiés, acunan
tu palabra mirada de chimpancé.
Hay gente que mira el mar
y otras que lo llevan dentro
cual catalejo de extensas horas nocturnas
o invento de una rama que descuelga.
Catenarias del amor en desuso
cuánto echo de menos el camino inverso
la acometida brutal, los labios artificiales
y la inmensidad de los cielos ocultos.
No hay ánade ni ganso que me persiga
yo no los persigo ya, hay tantos que mirar,
en sus cuerpos
la luna habita antes de alardear en penumbra.
Brota de mí la parcela intacta el corazón incipiente
la muerte asolada de precios y precisos golpeteos
rítmicos en su desfase, luna de lunares, falos grotescos
que a nadie afectan.
O a todos resultan indiferentes, un martes cualquiera,
como ebrios compartimos el vino, al otro lunes
estábamos enojados y medíamos la vida
con un vaso lleno de sabor de hígado.
©