guerrero verde
Poeta veterano en el portal.
La inestabilidad del momento conducía las almas,
El vacío de las voces, las sonrisas lejanas,
Las lagrimas cercanas,
El roció ardiente de las masas,
El miedo que consumía el oxigeno de la vida
Corre el viento en direcciones opuestas,
Vuelan sus cabellos a ojos cerrados,
Los siento, los huelo como si fuera mi presa,
Como si yo fuera cazador, como si fuera bestia,
Instinto de bestia
Era azufre, sal, morfina, mezcla de bruja,
Vicio de hombres con sabor de dioses,
Era ella, era la noche con sangre, la nada,
Como me atrae la nada y su sabor,
Ese sabor a hierro, a sangre,
Al accionar que nos hace fieros
Queda el fuego, deambulan sombras,
Mi pasado dibuja mis huellas,
La inseguridad doma, surgen instintos,
El deslinde con lo real,
La verdad se aferra a mí creer y mi creer se aferra a ella,
Sin que ella este, sin que ella vea,
Ella duerme, siempre lo hace al caer la luna,
Al nacer del sol, al alba
Somos dos sin saber, como opuestos bellos,
Parejas ajenas, unidas por el placer del momento,
Al sensionalismo que causa sus besos negros,
Ah, la dualidad como olvidar ese concepto,
Es propio de nosotros, de nuestro odio,
Sin solución ante la complejidad de este carnal amor,
Le robe la vida con la daga y el furor,
La tuve solo para sentir que la perdía con dolor,
Con la fascinación de un infante, con la muerte de dios,
Pero ella regresa, lo hace siempre y yo la asesino,
Siempre como condena de mi bello arte,
Siempre en este cielo en medio del frío infierno,
Siempre en el arte, en ella, en la nada, en la fe,
En el furor y la bestia que me hace ser niño
El vacío de las voces, las sonrisas lejanas,
Las lagrimas cercanas,
El roció ardiente de las masas,
El miedo que consumía el oxigeno de la vida
Corre el viento en direcciones opuestas,
Vuelan sus cabellos a ojos cerrados,
Los siento, los huelo como si fuera mi presa,
Como si yo fuera cazador, como si fuera bestia,
Instinto de bestia
Era azufre, sal, morfina, mezcla de bruja,
Vicio de hombres con sabor de dioses,
Era ella, era la noche con sangre, la nada,
Como me atrae la nada y su sabor,
Ese sabor a hierro, a sangre,
Al accionar que nos hace fieros
Queda el fuego, deambulan sombras,
Mi pasado dibuja mis huellas,
La inseguridad doma, surgen instintos,
El deslinde con lo real,
La verdad se aferra a mí creer y mi creer se aferra a ella,
Sin que ella este, sin que ella vea,
Ella duerme, siempre lo hace al caer la luna,
Al nacer del sol, al alba
Somos dos sin saber, como opuestos bellos,
Parejas ajenas, unidas por el placer del momento,
Al sensionalismo que causa sus besos negros,
Ah, la dualidad como olvidar ese concepto,
Es propio de nosotros, de nuestro odio,
Sin solución ante la complejidad de este carnal amor,
Le robe la vida con la daga y el furor,
La tuve solo para sentir que la perdía con dolor,
Con la fascinación de un infante, con la muerte de dios,
Pero ella regresa, lo hace siempre y yo la asesino,
Siempre como condena de mi bello arte,
Siempre en este cielo en medio del frío infierno,
Siempre en el arte, en ella, en la nada, en la fe,
En el furor y la bestia que me hace ser niño