Julius 12
Poeta que considera el portal su segunda casa
En el instante habitual
desplazan sus toneladas como si fugaran
en sus sinuosas bùsquedas
abriendo pasos a las ventanas del aire.
Ese camino es reconocible,
en ese sendero lograran reproducirse
y aguardar el designio.
Atraviesan incansables las paredes frìas y
luminosas avanzando con segura placidez por el
delirio fundido del misterio, todavìa rumiando
el aroma del apareo boreal luminiscente.
De repente el planeta carece de otros sonidos.
Ellas atienden a sus resoplidos y el sendero huidizo.
En el instante en el que zarpè mi bergantin,
lanzando la marcha por la estepa
debì aprender la habilidad para no ser derrotado:
allì los habitantes menudean en secreto,
pero tienen la ansiedad y la pasiòn para existir.
El esplendor blanco majestuoso refulge con el sol
ocasional. Mientras espero en vano la calidez
o algo parecido, el tiempo carece de asidero y
se torna insoslayable.
No sè por què el aire enrarecido se llena del sumo
silencio y el dìa sin fin carece de nombre.
desplazan sus toneladas como si fugaran
en sus sinuosas bùsquedas
abriendo pasos a las ventanas del aire.
Ese camino es reconocible,
en ese sendero lograran reproducirse
y aguardar el designio.
Atraviesan incansables las paredes frìas y
luminosas avanzando con segura placidez por el
delirio fundido del misterio, todavìa rumiando
el aroma del apareo boreal luminiscente.
De repente el planeta carece de otros sonidos.
Ellas atienden a sus resoplidos y el sendero huidizo.
En el instante en el que zarpè mi bergantin,
lanzando la marcha por la estepa
debì aprender la habilidad para no ser derrotado:
allì los habitantes menudean en secreto,
pero tienen la ansiedad y la pasiòn para existir.
El esplendor blanco majestuoso refulge con el sol
ocasional. Mientras espero en vano la calidez
o algo parecido, el tiempo carece de asidero y
se torna insoslayable.
No sè por què el aire enrarecido se llena del sumo
silencio y el dìa sin fin carece de nombre.
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