child-of-the-grave
Poeta adicto al portal
Delirios de pigmeas grandezas
Y si con una corona de fútiles claveles,
más baratos que el chicle arrojado
que ahora se ha pegado a la palma
de su calloso pie magullado,
lo han proclamado rey y bufón
del reinado de detergente que
se infla con su propio ego y
es destruido con la paja
de cualquier mugrienta escoba
cuando empieza a remontar vuelo
y a mofarse desde las nubes
de quien paralítico se queda
cuando no es más que rengo.
Si, también es el bufón trovador,
sordo y mudo por fobia,
que ves haciendo alardes
en las esquinas vacías del reino
que hacen sonreír a las pirañas,
que prohíben la entrada al Leteo,
para que sus colmillos reluzcan
y así poder encontrar otro capullo
en el que pueda encerrarse
y entornar el himno de plegarias
a los dioses del alba próxima
que se demoró tomando un Whiskey
en una partida de Póquer clandestino
donde la carroza del desesperado rey
fue apostada y ganada por aquel
que pocos se atreven a desafiar.
Pero entre la niebla un sinuoso zaguán
lleva al umbral que basta con empujar
para que un destello de luz colisione
con el opaco cuerpo haciéndolo irisar
y que los colores desnudos de su paleta
dibujen en el lienzo el cuadro que
nunca se atrevió a procrear.
De la pegajosa telaraña se libera y
al aparente vacío se arroja
y, para su insondable sorpresa,
un piso y un camino encuentra.
Lucha contra las sanguijuelas del alma
despojándose de pulgas y garrapatas
y ya dispuesto a empezar el peregrinaje
con la furia de una gomera regresa
por la inercia que produce el chicle
pegado en la ya cansada palma de su pie.
Y si con una corona de fútiles claveles,
más baratos que el chicle arrojado
que ahora se ha pegado a la palma
de su calloso pie magullado,
lo han proclamado rey y bufón
del reinado de detergente que
se infla con su propio ego y
es destruido con la paja
de cualquier mugrienta escoba
cuando empieza a remontar vuelo
y a mofarse desde las nubes
de quien paralítico se queda
cuando no es más que rengo.
Si, también es el bufón trovador,
sordo y mudo por fobia,
que ves haciendo alardes
en las esquinas vacías del reino
que hacen sonreír a las pirañas,
que prohíben la entrada al Leteo,
para que sus colmillos reluzcan
y así poder encontrar otro capullo
en el que pueda encerrarse
y entornar el himno de plegarias
a los dioses del alba próxima
que se demoró tomando un Whiskey
en una partida de Póquer clandestino
donde la carroza del desesperado rey
fue apostada y ganada por aquel
que pocos se atreven a desafiar.
Pero entre la niebla un sinuoso zaguán
lleva al umbral que basta con empujar
para que un destello de luz colisione
con el opaco cuerpo haciéndolo irisar
y que los colores desnudos de su paleta
dibujen en el lienzo el cuadro que
nunca se atrevió a procrear.
De la pegajosa telaraña se libera y
al aparente vacío se arroja
y, para su insondable sorpresa,
un piso y un camino encuentra.
Lucha contra las sanguijuelas del alma
despojándose de pulgas y garrapatas
y ya dispuesto a empezar el peregrinaje
con la furia de una gomera regresa
por la inercia que produce el chicle
pegado en la ya cansada palma de su pie.