Mercedes
Poeta adicto al portal
Delirio
La veo y no la siento;
la veo y se incomoda;
la veo y no me toca.
Un suspiro en mi boca
va deseando un beso.
La veo y se calla,
callada y taciturna.
Le hablo y no responde,
se entierra moribunda.
La veo y por si acaso
un roce muy despacio.
La veo y me está llamando,
pero no alcanzo su voz
apretada por mil pesares.
La veo y no hago caso
a sus miradas de muerte andando.
La veo y me acosa.
Me acosa su poca
distancia muy lejana.
La veo y no la abrazo,
porque a cada llanto
callado me araña.
La veo en el reflejo de la ventana,
mientras la luz de un otoño
la alcanza y la llama.
La veo y se enfría.
Se arma toda suya y no mía.
La veo y no la veo,
porque está muerta en vida.
La veo y no la siento;
la veo y se incomoda;
la veo y no me toca.
Un suspiro en mi boca
va deseando un beso.
La veo y se calla,
callada y taciturna.
Le hablo y no responde,
se entierra moribunda.
La veo y por si acaso
un roce muy despacio.
La veo y me está llamando,
pero no alcanzo su voz
apretada por mil pesares.
La veo y no hago caso
a sus miradas de muerte andando.
La veo y me acosa.
Me acosa su poca
distancia muy lejana.
La veo y no la abrazo,
porque a cada llanto
callado me araña.
La veo en el reflejo de la ventana,
mientras la luz de un otoño
la alcanza y la llama.
La veo y se enfría.
Se arma toda suya y no mía.
La veo y no la veo,
porque está muerta en vida.