Ramon bonachi
Poeta que considera el portal su segunda casa
Del uno al cien (Prosa)
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El uno es el que empieza, es el primero, hasta los quince largo es el camino;
millones de caricias en las manos y besos, todos ellos con destino.
El quince duda mucho de un “te quiero” y mientras se encamina hasta los veinte
se llena de razón, el muy rebelde, y no atiende a la voz de la experiencia.
El treinta va lleno de interrogantes y busca en los cuarenta la paciencia,
observa de reojo toda esencia que dejó el anterior minutos antes.
El sesenta ya va de medio lado con la mochila llena de recuerdos,
persigue a los setenta con cuidado, pues dicen que este anda poco cuerdo.
Al ochenta lo llaman "el abuelo", no piensa en el futuro, solo suma,
y mientras lo hace cómo tierna pluma, da besos y caricias con anhelo.
Quizá el noventa o cien se dejen ver, pero aquel uno que empezara un día
a llenar el casillero de alegría, ese, no va a volver, murió al poco de nacer.
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El uno es el que empieza, es el primero, hasta los quince largo es el camino;
millones de caricias en las manos y besos, todos ellos con destino.
El quince duda mucho de un “te quiero” y mientras se encamina hasta los veinte
se llena de razón, el muy rebelde, y no atiende a la voz de la experiencia.
El treinta va lleno de interrogantes y busca en los cuarenta la paciencia,
observa de reojo toda esencia que dejó el anterior minutos antes.
El sesenta ya va de medio lado con la mochila llena de recuerdos,
persigue a los setenta con cuidado, pues dicen que este anda poco cuerdo.
Al ochenta lo llaman "el abuelo", no piensa en el futuro, solo suma,
y mientras lo hace cómo tierna pluma, da besos y caricias con anhelo.
Quizá el noventa o cien se dejen ver, pero aquel uno que empezara un día
a llenar el casillero de alegría, ese, no va a volver, murió al poco de nacer.
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