Füre
Poeta recién llegado
Del sufrimiento
Es necesario sufrir para crear, más concretamente,
para crear algo de valor; tal como le sucede a la madre
al crear vida. El artista cuanto más sufre
mejor será su obra, siempre y cuando su capacidad
le permita hacer buen uso de dicho sufrimiento.
El dolor no pasa desapercibido ante quien sabe ver,
es un rasgo sutil pero consistente, que dota de un particular
estilo a la respectiva obra. Me atrevo a juzgar
que la huella de dolor que el artista plasma
en su creación, es inconsciente, involuntaria.
Podemos apreciar la genialidad consecuente
del dolor en obras como las de Edgar Allan Poe,
Fiódor Dostoyevski o Franz Kafka, por citar
algunos de los más grandes literatos.
Todo poeta es víctima de algún sufrimiento,
en mayor o menor medida, o al menos
cree ser víctima de un gran tormento.
Sin embargo, en uno o dos de sus poemas
es posible deducir si dicho dolor es real, potente,
destructivo hasta el punto de convertirse en una fuente
valiosa de inspiración o de impulso creativo;
o, por el contrario, sino es más que un recurso
del que el autor echa mano, no sin antes exagerarlo,
para dotar a su obra de una falsa profundidad,
o en casos más patéticos, para poder escribir sobre algo.
En el caso del que de verdad sufre,
la genialidad brota cuando emplea el arte para rehuir
el sufrimiento o aplacarlo, moldeándolo a través
de un fuerte carácter y una capacidad,
bien natural o bien adquirida con la práctica.
En los que exageran el dolor, enseguida podemos ver
que su obra resalta grotescamente el sufrimiento
haciendo así que pierda toda elegancia y estilo.
La diferencia más notoria entre ambos sufridores
se halla en la sutileza, como ya he dicho, siendo ésta
la que dota al poema (o novela, o drama, o pintura, o música, etc.)
con una especie de aura, o halo imperceptible conscientemente, quizá,
pero profundamente percibido por nuestro subconsciente,
y que ante él lo hace tan atractivo. Es posible rescatar
del subconsciente dicha impresión leyendo activamente
y desarticulando poco a poco la sensación a posteriori
de la respectiva obra.
El por qué del autor que exagera su sufrimiento
es fácil de concretar. La melancolía es el sentimiento
poético por excelencia, y bien desarrollado,
el que mayor belleza impregna a una pieza artística.
He aquí un punto de importancia, que resumido queda en lo siguiente:
el sobre-exceso de melancolía infundada
es lo que origina el matiz grotesco en cualquier pieza.
A pesar de todo lo dicho, el sufrimiento si no es respaldado
por el talento, o al menos por un mínimo de capacidad,
puede verse reducido a un estilo de bajeza que no honra
debidamente el dolor, y que lo deja desprovisto de toda profundidad
exterior. Entiéndase “profundidad exterior” como impresión
explícita al leer (o conocer) la obra, bajo la cual se halla
la verdadera profundidad y el verdadero dolor,
que sin la anterior impresión quedaría en exceso camuflada
hasta la invisibilidad, o confundida con la anteriormente mencionada
melancolía grotesca.
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