Se esconde el Destino que ciega mi vista
en la acción trágica de ese doliente Eros
que me hiere en la espalda...
Tantas horas construyendo la casa,
para habitarla con él,
y sólo siento su imagen en mi sala.
En taciturno sueño,
enciendo la lámpara que me permite ver
a Eros resplandeciente,
de dorada sonrisa,
llenando mi pasión
con fuegos que se prenden en distancia,
y se apagan en las finas manos
de un ángel que me saluda
con familiar mirada,
esculpiendo la promesa de un beso y un adiós.
Yo lo miro dormirse a mi lado,
pero es imposible abrazar tanta luz.
Su aroma me conduce
a un éxtasis cercano a sus plantas,
envuelta en sagrado humo,
sin hablarle.
Luego entono una canción que lo lleve
al país de las delicias,
hospedado en mi alma,
transportado en los cristales de un manto
que riela en fiel fulgor.
Lejos le aguarda al amado,
la dulce risa clara de las ninfas morenas,
y el remanso que lo besa, al mediodía,
ardiente y profundo,
donde bebe mi oveja.
Mírame, tan solo, para no recordar...
Llévame al jardín,
para que puedas correr tras ella.
Dale agua del pozo de tus perladas aguas
y saciarás mi sed de no cuidarte.
Ocúltame en la noche de fantasmas deformes
para ser tu secreto,
y cuando llegue la aurora,
te meceré en su seno,
mientras te alejas en gran sueño!
en la acción trágica de ese doliente Eros
que me hiere en la espalda...
Tantas horas construyendo la casa,
para habitarla con él,
y sólo siento su imagen en mi sala.
En taciturno sueño,
enciendo la lámpara que me permite ver
a Eros resplandeciente,
de dorada sonrisa,
llenando mi pasión
con fuegos que se prenden en distancia,
y se apagan en las finas manos
de un ángel que me saluda
con familiar mirada,
esculpiendo la promesa de un beso y un adiós.
Yo lo miro dormirse a mi lado,
pero es imposible abrazar tanta luz.
Su aroma me conduce
a un éxtasis cercano a sus plantas,
envuelta en sagrado humo,
sin hablarle.
Luego entono una canción que lo lleve
al país de las delicias,
hospedado en mi alma,
transportado en los cristales de un manto
que riela en fiel fulgor.
Lejos le aguarda al amado,
la dulce risa clara de las ninfas morenas,
y el remanso que lo besa, al mediodía,
ardiente y profundo,
donde bebe mi oveja.
Mírame, tan solo, para no recordar...
Llévame al jardín,
para que puedas correr tras ella.
Dale agua del pozo de tus perladas aguas
y saciarás mi sed de no cuidarte.
Ocúltame en la noche de fantasmas deformes
para ser tu secreto,
y cuando llegue la aurora,
te meceré en su seno,
mientras te alejas en gran sueño!