Jairo Castillo Romerin
Poeta adicto al portal
DEL QUE NADA ESPERA
Dejos emancipan el aire.
Algún azafrán antiguo corrompe la mañana,
el veloz trajinar de sus eriales.
Se asume la rectitud,
la perplejidad de la espada.
Un bronce exiguo señala hondonadas y ecos,
recalca el borde ruin de los senderos.
Pertrechos, plumas, sábanas
tiñen el aire de un malva irreverente,
de caricias de humo sin destino.
Antagonismos de vidrios revientan el pecho
del que nada espera.
Dejos emancipan el aire.
Algún azafrán antiguo corrompe la mañana,
el veloz trajinar de sus eriales.
Se asume la rectitud,
la perplejidad de la espada.
Un bronce exiguo señala hondonadas y ecos,
recalca el borde ruin de los senderos.
Pertrechos, plumas, sábanas
tiñen el aire de un malva irreverente,
de caricias de humo sin destino.
Antagonismos de vidrios revientan el pecho
del que nada espera.
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