Ania Kupuri
Poeta recién llegado
Los nuncas
son velos que se descubren
entre lo angosto
lo simple de las vivencias.
La certezas que sucumben
en el rostro
dolorido de las nucas
arrojadas en carencias.
¡El perdón que se olvidó de los hermanos!
Nada se es
y sin embargo
el abrazo del rojo viento
se nos desdibuja solo y largo
en tullida sensatez
vestidas de desaliento.
¡El rencor que desconoció a padres y madres!
Lágrimas.
La injusticia es canto
la pérdida
el comestible inquieto.
¡Cuánta ignominia!
Rostros inmóviles
abarrotan las calles de ironía
de consuelo antiguo
en huesos débiles
¡El perdón que se olvidó de los amores!
Fuera de la razón
el alma humana trasciende
entre el loto del dolor.
cae ante lo impasible
Y se eleva
Hacia los brazos de Dios
En la vida, en la muerte.
©
son velos que se descubren
entre lo angosto
lo simple de las vivencias.
La certezas que sucumben
en el rostro
dolorido de las nucas
arrojadas en carencias.
¡El perdón que se olvidó de los hermanos!
Nada se es
y sin embargo
el abrazo del rojo viento
se nos desdibuja solo y largo
en tullida sensatez
vestidas de desaliento.
¡El rencor que desconoció a padres y madres!
Lágrimas.
La injusticia es canto
la pérdida
el comestible inquieto.
¡Cuánta ignominia!
Rostros inmóviles
abarrotan las calles de ironía
de consuelo antiguo
en huesos débiles
¡El perdón que se olvidó de los amores!
Fuera de la razón
el alma humana trasciende
entre el loto del dolor.
cae ante lo impasible
Y se eleva
Hacia los brazos de Dios
En la vida, en la muerte.
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