Omar Alejandro
Poeta recién llegado
Hay sangre sobre la tierra,
sobre el polvo,
sobre los rostros...
se vuelven invisibles.
La sangre corre sobre la piel
y es la misma que se encierra bajo ella.
Espesa, caliente, embriagante...
Sinónimo pensante de la esencia de la vida;
que se quita, que se encierra, que se abstiene.
Como preso se mantiene plasmando la idea que conforma,
la que inibe, la que teme, la que calla...
La que pronuncia un silencio de metralla
y calienta el pecho que se quiebra.
La que extraña las peleas de su vieja,
la sonrisa de sus hijos,
las palabras de un hermano....
¡y silencio!
Mira, y encuentra nada.
Y sus ojos se oxidan en la agonia del saber,
del pensar...
de olvidar.
Se tornan vacios,
como el vacio que consume una palabra expuesta a la nada,
sin sentido, sin sentimiento, sin razón.
Mientras se escucha un corazón que late,
y de un latido se vuelve muchos.
Un corazón que grita,
y aun gritando no se escucha.
Y maldice, y golpea, y ansía...
y combate.
Toca la muerte con sus dedos y esta gime,
y ¡bam!...
Que alguien llame a su madre,
a sus hijos,
a su hermano...
se pronuncio el silencio.
Es un río el que corre y del que nadie bebe...
Río rojo que no teme,
sino más bien se desborda.
Palabras sordas que hablan,
pero no escuchan.
Un blah, blah, blah... excusas
sobre el polvo,
sobre los rostros...
se vuelven invisibles.
La sangre corre sobre la piel
y es la misma que se encierra bajo ella.
Espesa, caliente, embriagante...
Sinónimo pensante de la esencia de la vida;
que se quita, que se encierra, que se abstiene.
Como preso se mantiene plasmando la idea que conforma,
la que inibe, la que teme, la que calla...
La que pronuncia un silencio de metralla
y calienta el pecho que se quiebra.
La que extraña las peleas de su vieja,
la sonrisa de sus hijos,
las palabras de un hermano....
¡y silencio!
Mira, y encuentra nada.
Y sus ojos se oxidan en la agonia del saber,
del pensar...
de olvidar.
Se tornan vacios,
como el vacio que consume una palabra expuesta a la nada,
sin sentido, sin sentimiento, sin razón.
Mientras se escucha un corazón que late,
y de un latido se vuelve muchos.
Un corazón que grita,
y aun gritando no se escucha.
Y maldice, y golpea, y ansía...
y combate.
Toca la muerte con sus dedos y esta gime,
y ¡bam!...
Que alguien llame a su madre,
a sus hijos,
a su hermano...
se pronuncio el silencio.
Es un río el que corre y del que nadie bebe...
Río rojo que no teme,
sino más bien se desborda.
Palabras sordas que hablan,
pero no escuchan.
Un blah, blah, blah... excusas