A mi madre, abuela y bisabuela que goza ya de Dios.
DEL BIBERÓN A LA NEVERA
Al dar los biberones se exprimía
de esencia maternal tan densamente
que el niño bien pegado al pecho oía
su corazón latiendo fuertemente.
—“Dame al niño que esto se le enfría”,
—decía con voz suave e impaciente—,
y hasta el último trago se bebía
de su mano dulcísimo y caliente.
Jamás tuvo pereza con un nieto,
para calmar sus llantos, la primera,
presta al consejo siempre más discreto,
pues por hija trataba a cada nuera;
y promulgó en su casa en un decreto
el no cerrar con llave la nevera.
Salva Glez. Moles.
4/1/2026