Aliabierto
Poeta recién llegado
Declaración.
Decía en aquel silencio intrigante
de lirio y desván abandonado,
con expresión de letras cual poema,
con la palidez máxima del sueño,
una leyenda de ángeles mendigantes
olvidada hasta por los mismos casuales.
Una mentira tan bien maquinada
con tribulaciones arpegiadas entre
los hilos del gran tejido de sus hábitos,
tan falsa como un acorde tierno
en manos delicadas de doncella,
pero tan creíble como la inocente
suavidad de cualquier adelfa.
Decía en aquel silencio intrigante
de lirio y desván abandonado,
una triunfal ola de pensamientos
que se hacían sombríos y secretos,
pantanosos, húmedos cristales en fusión
voluntaria ellos y un lecho de besos.
La única voz desangrándose ya no latía,
en su lugar hablaba el alma de las cosas suyas,
las ideas tuertas de algo eterno conmigo
se volvían ciegas mientras se ahogaban.
Aquella mentira tan bien maquinada,
con tribulaciones arpegiadas entre los
hilos del gran tejido de sus hábitos,
tan falsa como un acorde tierno
en manos delicadas de doncella,
pero tan creíble como la inocente
suavidad de cualquier adelfa.
Y es que en el silencio se oía un te amo.
Decía en aquel silencio intrigante
de lirio y desván abandonado,
con expresión de letras cual poema,
con la palidez máxima del sueño,
una leyenda de ángeles mendigantes
olvidada hasta por los mismos casuales.
Una mentira tan bien maquinada
con tribulaciones arpegiadas entre
los hilos del gran tejido de sus hábitos,
tan falsa como un acorde tierno
en manos delicadas de doncella,
pero tan creíble como la inocente
suavidad de cualquier adelfa.
Decía en aquel silencio intrigante
de lirio y desván abandonado,
una triunfal ola de pensamientos
que se hacían sombríos y secretos,
pantanosos, húmedos cristales en fusión
voluntaria ellos y un lecho de besos.
La única voz desangrándose ya no latía,
en su lugar hablaba el alma de las cosas suyas,
las ideas tuertas de algo eterno conmigo
se volvían ciegas mientras se ahogaban.
Aquella mentira tan bien maquinada,
con tribulaciones arpegiadas entre los
hilos del gran tejido de sus hábitos,
tan falsa como un acorde tierno
en manos delicadas de doncella,
pero tan creíble como la inocente
suavidad de cualquier adelfa.
Y es que en el silencio se oía un te amo.