Ricardo López Castro
*Deuteronómico*
Yo soy de los chapados a la antigua,
cerrado, estanco, hermético a las dudas,
estudioso tan solo de mis textos y mis composiciones,
convencido del lastre que son las ilusiones,
de que el tiempo coloca a todos en su sitio
-Nunca los meterá en un mismo saco.-,
de que no busco nada, porque fuera de mí pierdo mucho valor
-No se imaginan cuánto.-
De tanto en vez me dejo llevar por lo mundano,
pero ya tengo el futuro asegurado,
y esta condescendencia esporádica y fútil,
me pone en jaque,
me merma,
y me hace adolecer de una etiqueta
-Es el loco el que piensa que todos se equivocan.-
Los demás son fantasmas, no existen,
superan esa etapa de confusión abrupta
dejando de fumar o de beber.
Tiene un punto de gracia, pero yo no aconsejo,
me demuestro a mí mismo que puedo hablar de todo con cualquiera
-Sin pasarme o reír los chistes malos,
ni me apiado de nadie, o compadezco, siempre he tenido una labia de infarto.-
Tal día como hoy, en que me explayo
sin reparos, sin criticar,
"respetando" a las personas, me ocupo en mi pecado,
es el sexo a mansalva el que me descoloca,
el que yo no practico más que a solas.
Me he dejado atacar, que no aplacar, nadie me pisotea que yo sepa.
Era autodestructivo, no masoca, ni un rebelde sin causa.
He nacido con esto que les digo,
y tuve mucha mierda que rascar para volver a serlo,
renacer, o morir y vivir a un mismo tiempo.
Yo no regalo amor, no confío en la gente.
Exijo lo que doy y siempre pierdo.
Pero si pego el giro de ciento ochenta grados
es mejor que se escondan, porque me vuelvo un déspota,
sobre todo de rumba, un aguafiestas.
No empatices conmigo, yo no quiero consejos,
ni escuchar realidades de tu boca,
yo no tengo enemigos, os conozco,
os he imitado, yo seguí vuestra pista,
ahora os toca a vosotros cogerme a mí el rebufo.
No les hablo de dios, eso está ya marchito,
llevo ya muchos años en alerta,
con una abrumadora claridad de ideales,
no pido una mujer, eso es lo que hacen todos.
Mi droga y mi manía -No defecto.-
es combatir el ego de los hombres,
también de las mujeres.
Yo nunca guardo odio, solamente desprecio,
sin motivo, sin causa,
algo de mi genética me ha dicho lo que soy.
No dejaré que nadie lo descubra,
mi trastorno lo saco a relucir
cuando quiero que sepas que soy Dios,
ya no tengo bajones,
mi mente es más profunda que un agujero negro,
y ahí les aseguro que van a terminar.
Yo vengo de mis miedos y vacíos.
No soy provocador, nadie sabe por qué
lo parezco.
Defiendo la palabra, tus poemas, disculpa,
nunca me resultaron verosímiles,
y yo sueno a verdad,
incluso cuando digo que soy Dios.