Syd Carlyle
Poeta recién llegado
Cerca del pueblo blanco, en oriente,
bajo el sol que sangra sangre dorada,
yace un árbol maravilloso y encantado.
Su cuerpo cenizo, encorvado, y milenario,
es coronado por una lluvia de bellas flores
tan delicadas como las manos del invierno.
Dicen que su fruto es la mirada de los Dioses,
pues es fruto nada corriente, ya que a la llegada,
cada una de sus blancas flores da a luz un ojo.
Padre de la conciencia, la luz y la gracia,
madre de los secretos, la sombra y las almas,
nacido del llanto del viento y las esferas sagradas.
Os hablo del viejo y terrible monstruo de ojos,
sombrío y maldito como el corazón del cuervo,
puro y claro como la canción eterna del agua.
A su llegada dividió y condeno a la tierra en dos,
y cada noche, bajo el misterio de la luna rubia,
entona hacia los cielos melodías de sabiduría.
Cuentan que al cantar su canto llora, y su llanto,
manto de plata, desciende por la oscura montaña
que va a parar al manantial del que brota la tristeza.
bajo el sol que sangra sangre dorada,
yace un árbol maravilloso y encantado.
Su cuerpo cenizo, encorvado, y milenario,
es coronado por una lluvia de bellas flores
tan delicadas como las manos del invierno.
Dicen que su fruto es la mirada de los Dioses,
pues es fruto nada corriente, ya que a la llegada,
cada una de sus blancas flores da a luz un ojo.
Padre de la conciencia, la luz y la gracia,
madre de los secretos, la sombra y las almas,
nacido del llanto del viento y las esferas sagradas.
Os hablo del viejo y terrible monstruo de ojos,
sombrío y maldito como el corazón del cuervo,
puro y claro como la canción eterna del agua.
A su llegada dividió y condeno a la tierra en dos,
y cada noche, bajo el misterio de la luna rubia,
entona hacia los cielos melodías de sabiduría.
Cuentan que al cantar su canto llora, y su llanto,
manto de plata, desciende por la oscura montaña
que va a parar al manantial del que brota la tristeza.
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